Qué no se pierda

Miércoles 2 de marzo del 2022, para muchas personas puede ser un día cualquiera, pero para los Cofrades es miércoles de Ceniza y el comienzo de la Cuaresma. 

Después de dos años de pandemia, dos años en los que muchos creyentes se han aferrado a la Fe ciegamente, y dos años en los que no se ha podido disfrutar de la Semana Santa, porque lo primero es la salud y ellos lo saben de sobra. Y a pesar de estos dos años casi sin actos cofrades, este año por fin podrán reencontrarse con sus titulares que, sin duda, Andalucía sabe bien lo que es vivir la Semana Santa con fervor. 

La Semana Santa, es algo más que una semana, es el rezo, la fe, la creencia, la esperanza… Es la mirada plena de una madre y un hijo, es el llanto desde el balcón al pasar por su casa  Jesús, es el “quejió” de la voz del saetero pidiendo clemencia, el redoble de un tambor, y el suspiro de una corneta, es la carne de gallina por una chicota.  La Semana Santa es mucho más en Andalucía que un día de terraza al sol, que un perol en el campo, que una “charla” con los amigos… La Semana Santa en Andalucía se siente y se vive con devoción. 

Sin embargo, las calles ya no huelen a incienso, eso es cosa de “capillitas”, ya no suenan marchas e incluso los medios de comunicación omiten hablar de estos temas. Vivimos inmersos en una sociedad en la que es mejor no hablar de ideales ni de creencias por los juicios que se puedan hacer de nosotros, casi siempre inventados. 

Poco a poco se perderán los ¡Vivas nuestro padre! o ¡Viva nuestra madre! Se perderá la Borriquita, el Nazareno y Santo Entierro. Se perderá la Esperanza por la calle del Domingo de Ramos, del Jueves Santo o del Viernes Santo. La tradición, la cultura y las creencias de un pueblo se irá apagando lentamente sin esos hombres de trono o COSTALEROS dispuestos a llevar consuelo. 

¡Que no se apague Dios mío la esperanza de una tierra! Entre odios y guerras algo bonito tiene que haber en la vida. Que no se apague la luz de las velas, que no se marchiten las rosas más bellas. Que no se apaguen las manos del poeta, la voz del pregonero ni las Saetas Que no se apague la devoción de un pueblo, permitiendo que “gente de fuera” sientan el orgullo de decir “Al cielo con ella”. Entonces, cuando esto ocurra, la maldita añoranza llamará a nuestra puerta. 

¡Cofrades! No convirtamos, antes de tiempo, en ceniza lo nuestro, no dejemos que se esfume de nuestras manos y se convierta en un simple recuerdo. No permitamos que muera.