¿POR QUÉ ME CUESTA CREER QUE ME MEREZCO COSAS BUENAS?
Antes de empezar el programa quiero que te preguntes si te cuesta trabajo aceptar elogios, si te sientes culpable cuando te ocurren cosas buenas, si tiendes a minimizar o quitar importancia a lo bueno que te pasa porque tienes la sensación de que no está bien visto alegrarse de lo bueno que nos ocurre por parecer una persona arrogante o si piensas que tienes que esforzarte continuamente para que “te quieran”. Si es así, este programa es para ti.
¿Qué es sentirse merecedora?
Este concepto puede llevar a confusión porque el hecho de que una persona piense y verbalice que merece algo bueno puede interpretarse erróneamente como una conducta egoísta y arrogante, pero nada más lejos de la realidad. En consulta, un paciente verbalizó que recordaba un episodio en el que había realizado un examen muy importante y a la vez difícil, y expresó que con un 7 se conformaba. En ese momento recibió comentarios que lo tachaban de una persona prepotente y poco humilde, puesto que debía conformarse con aprobar. Él era consciente del esfuerzo y el tiempo dedicado a esa prueba, por eso realizó ese comentario, pero a partir de ese momento aprendió que no estaba bien visto reconocer lo que uno merecía en base al esfuerzo realizado, lo que se tradujo en sentir que no merecía lo bueno que le ocurría.
Sentirse merecedora significa que la persona reconoce su valía y por lo tanto sabe lo que se merece. Entiende que merece amor, respeto, éxito, descanso, oportunidades, tranquilidad, felicidad, vínculos sanos, etc., y lo más importante: sin necesidad de pagar peajes ni castigos para conseguirlo. En ningún momento significa creerse superior a alguien.
Este concepto guarda una fuerte relación con la autoestima. La palabra autoestima significa “lo que tú te estimas/lo que tú te quieres”. Si no te quieres, te costará trabajo entender que pueden pasarte cosas buenas y que te las mereces.
Hay personas que viven continuamente con la sensación de no ser suficientes, de ser una estafa. El conocido síndrome de la impostora.
Cómo se manifiesta
▪ Incredulidad ante los elogios o valoraciones recibidas. De hecho, estas personas suelen experimentar culpa al aceptar regalos, cumplidos o ayuda. ▪ Autosabotaje. Posponen decisiones o cambios que pueden hacerlas desarrollarse. Ejemplo: no enviar un currículum, dejar a medias proyectos que empiezan, etc.
▪ Relaciones en las que se permite el maltrato.
▪ Dificultad para poner límites. La persona tiene dificultad para delimitar su terreno y hacérselo ver a la otra persona, por lo que deja que invadan su espacio continuamente.
▪ Anteponer las necesidades de los demás a las propias. ▪ Conformismo. Permiten situaciones, relaciones y condiciones laborales poco óptimas porque piensan que no pueden aspirar a otra cosa. ▪ Miedo al éxito. Les cuesta disfrutarlo, lo viven como “si la cosa no fuera con ell@s”.
▪ Perfeccionismo excesivo. No se permiten el error y por muy bien que hagan las cosas nunca es suficiente.
▪ Agotamiento crónico.
▪ Buen rendimiento. Suelen ser personas excelentes en lo que se proponen, pero como se ha explicado anteriormente, los logros los minimizan y no los disfrutan porque no se sienten identificados con ellos, lo achacan a la suerte, a que “no es para tanto”, o a que “cualquiera lo podría hacer igual o mejor”. ▪ Buscan la aprobación externa.
Origen de esa sensación
▪ Haber tenido una crianza basada en la crítica y en mensajes en los que el afecto o la valía de la persona se sustentaba en lo que conseguía y en la complacencia a los demás. Ese niño aprende a sentirse valorado a través de la aprobación externa según lo que rinda o lo que sea capaz de conseguir.
Estos niños aprenden que son valiosos:
– Si ceden a las demandas de los demás.
– Si consiguen cosas.
– Si no ocasionan problemas.
▪ Niñ@s que únicamente obtenían valoración cuando cumplían con las expectativas que los demás tenían de ellos, por lo que aprenden que “hacer lo que los demás esperan sirve para que me quieran”.
▪ Experiencias en las que se hayan sentido rechazadas, ya sea por los padres, amigos, parejas, trabajo, etc.
▪ Atribuir sus logros a la suerte o a que era muy fácil y no a su capacidad. ▪ Mensajes que se transforman en etiquetas que ejercen presión sobre las mujeres al enseñarles que tienen que cuidar a todos antes que a ellas.
Consecuencias
▪ Ansiedad.
▪ Depresión.
▪ No ser constante en tus propósitos y objetivos.
▪ Autosaboteando oportunidades que se te presentan: “te pones la zancadilla”. ▪ Establecimiento de relaciones de dependencia.
▪ Síndrome del impostor. La necesidad de ser suficiente.
Cómo gestionarlo
▪ Entiende tu mente y aprende a gestionarla. Si la persona se descuida y se deja llevar por sus pensamientos negativos termina creyendo, de nuevo, que no merece lo que quiere o lo que tiene.
▪ Identifica el origen de esa dificultad para sentirte merecedora: analiza desde cuándo te sientes así y qué experiencias, mensajes o vínculos del pasado han influido en tu forma de verte y de valorarte.
▪ Cambia tu diálogo interno: empieza a cuidarte, no te conformes, no te exijas (elimina el “debo”) y no te hables de maneras con las que tú no le hablarías a alguien a quien quieres (ej. “soy un desastre”, “todo lo hago mal”, “no me merezco que me quieran”.
▪ Separa valía de sufrimiento: no tienes que sufrir ni llevarte al límite para demostrar que mereces las cosas. No todo tiene que conseguirse a base de castigo.
▪ Separa valía de rendimiento: Ej. “Si consigo cosas valgo y merezco amor”. ▪ Aprende a poner límites.
▪ Cuando alguien te haga un elogio o halago agradécelo, no lo minimices ni le quites importancia, agradécelo.
▪ Identifica tus virtudes y metas conseguidas y valóralas.