2 June 2026  /  María Arévalo

Antes de empezar el programa quiero que te preguntes si te cuesta trabajo  aceptar elogios, si te sientes culpable cuando te ocurren cosas buenas, si tiendes  a minimizar o quitar importancia a lo bueno que te pasa porque tienes la  sensación de que no está bien visto alegrarse de lo bueno que nos ocurre por  parecer una persona arrogante o si piensas que tienes que esforzarte  continuamente para que “te quieran”. Si es así, este programa es para ti. 

¿Qué es sentirse merecedora? 

Este concepto puede llevar a confusión porque el hecho de que una  persona piense y verbalice que merece algo bueno puede interpretarse  erróneamente como una conducta egoísta y arrogante, pero nada más lejos de  la realidad. En consulta, un paciente verbalizó que recordaba un episodio en el  que había realizado un examen muy importante y a la vez difícil, y expresó que  con un 7 se conformaba. En ese momento recibió comentarios que lo tachaban  de una persona prepotente y poco humilde, puesto que debía conformarse con  aprobar. Él era consciente del esfuerzo y el tiempo dedicado a esa prueba, por  eso realizó ese comentario, pero a partir de ese momento aprendió que no  estaba bien visto reconocer lo que uno merecía en base al esfuerzo realizado, lo  que se tradujo en sentir que no merecía lo bueno que le ocurría. 

Sentirse merecedora significa que la persona reconoce su valía y por lo  tanto sabe lo que se merece. Entiende que merece amor, respeto, éxito,  descanso, oportunidades, tranquilidad, felicidad, vínculos sanos, etc., y lo más  importante: sin necesidad de pagar peajes ni castigos para conseguirlo. En  ningún momento significa creerse superior a alguien. 

Este concepto guarda una fuerte relación con la autoestima. La palabra  autoestima significa “lo que tú te estimas/lo que tú te quieres”. Si no te quieres, te costará trabajo entender que pueden pasarte cosas buenas y que te las  mereces. 

Hay personas que viven continuamente con la sensación de no ser  suficientes, de ser una estafa. El conocido síndrome de la impostora.

Cómo se manifiesta 

Incredulidad ante los elogios o valoraciones recibidas. De hecho, estas  personas suelen experimentar culpa al aceptar regalos, cumplidos o ayuda. Autosabotaje. Posponen decisiones o cambios que pueden hacerlas  desarrollarse. Ejemplo: no enviar un currículum, dejar a medias proyectos  que empiezan, etc. 

Relaciones en las que se permite el maltrato. 

Dificultad para poner límites. La persona tiene dificultad para delimitar su  terreno y hacérselo ver a la otra persona, por lo que deja que invadan su  espacio continuamente. 

Anteponer las necesidades de los demás a las propias. Conformismo. Permiten situaciones, relaciones y condiciones laborales  poco óptimas porque piensan que no pueden aspirar a otra cosa. Miedo al éxito. Les cuesta disfrutarlo, lo viven como “si la cosa no fuera con  ell@s”. 

Perfeccionismo excesivo. No se permiten el error y por muy bien que hagan  las cosas nunca es suficiente. 

Agotamiento crónico

Buen rendimiento. Suelen ser personas excelentes en lo que se proponen,  pero como se ha explicado anteriormente, los logros los minimizan y no los disfrutan porque no se sienten identificados con ellos, lo achacan a la suerte,  a que “no es para tanto”, o a que “cualquiera lo podría hacer igual o mejor”. Buscan la aprobación externa

Origen de esa sensación 

Haber tenido una crianza basada en la crítica y en mensajes en los que el  afecto o la valía de la persona se sustentaba en lo que conseguía y en la  complacencia a los demás. Ese niño aprende a sentirse valorado a través de  la aprobación externa según lo que rinda o lo que sea capaz de conseguir. 

Estos niños aprenden que son valiosos: 

Si ceden a las demandas de los demás. 

Si consiguen cosas. 

Si no ocasionan problemas.

Niñ@s que únicamente obtenían valoración cuando cumplían con las  expectativas que los demás tenían de ellos, por lo que aprenden que  “hacer lo que los demás esperan sirve para que me quieran”. 

Experiencias en las que se hayan sentido rechazadas, ya sea por los padres,  amigos, parejas, trabajo, etc. 

Atribuir sus logros a la suerte o a que era muy fácil y no a su capacidad. Mensajes que se transforman en etiquetas que ejercen presión sobre las  mujeres al enseñarles que tienen que cuidar a todos antes que a ellas.  

Consecuencias 

Ansiedad. 

Depresión. 

No ser constante en tus propósitos y objetivos. 

Autosaboteando oportunidades que se te presentan: “te pones la zancadilla”. Establecimiento de relaciones de dependencia. 

Síndrome del impostor. La necesidad de ser suficiente. 

Cómo gestionarlo 

Entiende tu mente y aprende a gestionarla. Si la persona se descuida y se  deja llevar por sus pensamientos negativos termina creyendo, de nuevo, que  no merece lo que quiere o lo que tiene. 

Identifica el origen de esa dificultad para sentirte merecedora: analiza desde cuándo te sientes así y qué experiencias, mensajes o vínculos del  pasado han influido en tu forma de verte y de valorarte. 

Cambia tu diálogo interno: empieza a cuidarte, no te conformes, no te exijas  (elimina el “debo”) y no te hables de maneras con las que tú no le hablarías  a alguien a quien quieres (ej. “soy un desastre”, “todo lo hago mal”, “no me  merezco que me quieran”.  

Separa valía de sufrimiento: no tienes que sufrir ni llevarte al límite para  demostrar que mereces las cosas. No todo tiene que conseguirse a base de  castigo. 

Separa valía de rendimiento: Ej. “Si consigo cosas valgo y merezco amor”. Aprende a poner límites.

Cuando alguien te haga un elogio o halago agradécelo, no lo minimices  ni le quites importancia, agradécelo. 

Identifica tus virtudes y metas conseguidas y valóralas.