10 March 2026  /  María Arévalo

La hipocondría, también conocida como trastorno de ansiedad por  enfermedad, se manifiesta como un patrón obsesivo de preocupación por tener  una enfermedad grave, sin una base lógica y mantenido en el tiempo, lo que  termina interfiriendo en el funcionamiento normal de la persona. 

La vida de una persona con hipocondría gira en torno a su salud, o mejor  dicho a la preocupación por enfermar. La persona se introduce en una espiral de  hipervigilancia a cualquier síntoma físico que presenta u observación del propio  cuerpo por si hay una mancha, lunar, bulto o dolor que antes no estuviera. Ante  esa preocupación la persona recurre al médico, le hacen todas las pruebas  necesarias, pero aun así no es suficiente. Sigue preocupada, dado que la  persona piensa que quizás los médicos se han equivocado o que las pruebas no  han salido bien. 

Síntomas 

– Dificultad para concentrarse. 

– Incapacidad para disfrutar de actividades con las que antes si lo hacía. – Hipervigilancia a los síntomas físicos. 

– Interpreta de forma errónea los síntomas físicos, ya que todo lo percibe  como un peligro. 

– Búsqueda de información a nivel médico o en internet para aliviar el  malestar sin éxito, dado que la persona no se fía de los resultados, así  como la exploración continua del propio cuerpo. 

– Miedo desproporcionado a que le ocurra algo a sí misma o a alguien de  su entorno. 

– Aparición de “manías” o rituales para tenerlo todo bajo control. – Cualquier conversación con su entorno que esté relacionada con  enfermedades genera angustia, así como recibir noticias negativas de  alguien conocido o a través de los medios de comunicación. 

– Consecuencias a nivel físico, psicológico y social. 

Causas 

Hay que partir de la base de que la hipocondría es una manifestación de  la ansiedad y puede aparecer por varios motivos:

– Enfermedad o fallecimiento de alguien muy cercano. 

– Haber sido diagnosticado de alguna enfermedad. 

– Experiencias negativas a nivel médico. 

Ante cualquiera de estos casos, la mente busca protegerse. ¿Cómo lo  hace? Buscando respuestas a través de la búsqueda en internet, preguntando  a su entorno, acudiendo al médico, haciéndose pruebas, etc. Cuando la persona  hace esto se siente aliviada, pero es algo temporal porque la preocupación  vuelve a aparecer. Realmente lo que le genera alivio es la búsqueda de  respuestas, pero no la respuesta en sí porque no termina de creérsela. 

La preocupación inicial por enfermar puede extenderse a otras cuestiones  como el miedo a perder a alguien, a quedarse sol@, etc. 

Hay que resaltar que la angustia que siente la persona es real, pero el  origen del malestar es psicológico, no físico. 

Consecuencias 

Esta situación mantenida en el tiempo puede derivar en síntomas  depresivos, ansiedad y aislamiento, ya que la preocupación constante te lleva a  perder la alegría, te llena de angustia y te hace no estar centrada en las  conversaciones con otras personas. Las únicas conversaciones que importan  son las tuyas, ya que giran en torno a los síntomas y enfermedades que crees tener. Eso hace que el vínculo se deteriore hasta que llega un momento en el  que las otras personas se niegan a seguir reforzando tu problemática y empiezan  a poner límites en las conversaciones evitando que hables únicamente de  síntomas, apareciendo en ti una sensación de incomprensión. 

¿Cómo se aborda? 

Si alguien presenta alguno de los síntomas mencionados a lo largo del  programa sería aconsejable la búsqueda de ayuda psicológica. La terapia está  enfocada en: 

– Identificar el origen de la preocupación. 

– Entender que la hipocondría es una vía de manifestación de la ansiedad. – Comprender y aceptar la problemática. 

– Identificar los síntomas y permitírtelos sin huir de ellos.

– Diferenciar lo que es un síntoma real del miedo originado por la mente. – Entender que el objetivo no es no sentir miedo, sino gestionarlo de forma  correcta cuando aparezca para que no se apodere de ti. 

– Aprender a desmontar los miedos y no dejarse llevar por el malestar. – Prohibirse buscar información en internet. 

– No enfocar las conversaciones en síntomas ni enfermedades.