8 July 2025  /  María Arévalo

Nuestra mente siempre está en funcionamiento. De hecho, son numerosos los  pensamientos que pasan por ella a lo largo del día. Algunos son normales y otros alteran  nuestra tranquilidad. Estos últimos reciben el nombre de pensamientos intrusivos

¿Qué son los pensamientos intrusivos? 

Una vez leí un símil que reflejaba muy bien cómo funcionan este tipo de  pensamientos: imagina que estás en casa haciendo algo que te gusta y no esperas a  nadie, cuando de repente llaman al timbre interrumpiendo tu momento de tranquilidad. El timbre es el pensamiento intrusivo, dado que llega de forma inesperada y altera tu  tranquilidad. 

Características 

Como su propio nombre indica, los pensamientos intrusivos son ideas imágenes que se cuelan de forma repentina en nuestra mente sin haberlas  invitado. 

Son pensamientos disfuncionales y sin una base lógica. La persona es  consciente de esta característica. 

Son persistentes: aparecen una y otra vez, aunque la persona quiera  eliminarlos. 

Son egodistónicos: generan malestar, confusión, dificultad para concentrarse y  sentimiento de culpa en la persona que los experimenta. 

Suelen aparecer ante situaciones de estrés

Se intensifican en trastornos mentales como la depresión, la ansiedad o el  TOC. 

Se convierten en el centro de la vida de la persona haciendo que desconecten  de la realidad que les rodea. 

¿Cuándo se convierte en un problema? 

Tener pensamientos intrusivos es normal, ya que nuestra mente los genera de  forma espontánea y no tienen por qué reflejar un problema de salud mental. Ejemplo: estás acostada y de repente te viene a la mente que mañana tienes que comprar algo  en el supermercado. Este es un pensamiento intrusivo que no genera sufrimiento y se  elimina rápido. 

El problema aparece cuando esos pensamientos son difíciles de controlar porque llegan de forma repentina y con mucha fuerza, convirtiéndose en obsesiones 

que generan incomodidad o ansiedad, al ser contrarios a las creencias y valores de la  persona, por lo que terminan interfiriendo en la vida diaria. 

Ejemplos 

– Una persona va conduciendo y piensa ¿Y si doy un volantazo? – ¿Y si le pasa algo a alguien de mi familia? 

– ¿Y si tienen un accidente por mi culpa? 

– Preocupaciones por la salud o miedo a padecer una enfermedad grave, de  manera que cualquier síntoma que aparece se analiza una y otra vez, se acude al médico con frecuencia, se busca en internet, etc. 

– Estoy esperando al metro y pienso: «¿y si me tiro?». 

– Estoy con mi pareja y pienso: «¿y si ya no le quiero?». 

– Recuerdo repetitivo de una situación dolorosa. 

– Idea intrusiva de agredir a una persona. 

Frecuencia y causas habituales 

Como se ha dicho anteriormente, es normal que aparezcan pensamientos  intrusivos. De hecho, se estima que el 90% de las personas han tenido este tipo de  pensamientos en algún momento de su vida. 

Las causas pueden ser: estrés (no solo aparecen cuando hay estrés, sino que  también se intensifican en periodos de estrés), ansiedad, situaciones traumáticas,  falta de sueño o algunos fármacos. Este tipo de pensamientos se intensifican en  trastornos mentales como la depresión, la ansiedad o el TOC. 

En algunos casos, los pensamientos obsesivos van acompañados de  compulsiones (conductas que emite la persona para reducir la ansiedad que genera el  pensamiento). Por ejemplo, si tengo miedo a la contaminación o a los gérmenes voy a  lavarme las manos de forma continua. 

Consecuencias 

Este tipo de pensamientos tienen un fuerte impacto emocional porque generan mucha angustia y pérdida de alegría, ilusión e interés por cosas con las que antes  se disfrutaba. Por otro lado, la persona no entiende por qué piensa esas cosas llegando  a sentirse culpable y responsable de que esos pensamientos estén en su mente. 

También aparece el enfado como una reacción emocional ante la idea de querer  estar bien y que los pensamientos intrusivos no te lo permitan.

Cómo abordarlo 

  1. Identifica si te controlan tus pensamientos: si te levantas y te acuestas pensando  en lo mismo, y eso te hace sentir angustia, culpa, dificultad para concentrarte,  disfrutar o tomar decisiones. 
  2. Reconoce y acepta los pensamientos intrusivos: no luches contra ellos ni  intentes echarlos porque se harán más resistentes. Ej. Si yo te digo que no pienses  en un globo azul, lo más probable es que tu mente haya visualizado rápidamente el  globo azul. Pues bien, lo mismo ocurre con los pensamientos. Piensa que los  pensamientos intrusivos permanecen más tiempo porque le damos mucha  importancia debido al malestar que generan. 
  3. Piensa que es un pensamiento, no una amenaza real: que lo pienses no significa  que vaya a ocurrir. 
  4. Razona el pensamiento: puede ser útil escribir el pensamiento y preguntarte qué  veracidad tiene ese pensamiento.  
  5. Cambia el foco a otro sitio para que el pensamiento pierda fuerza. Ej: salir a  andar, iniciar una conversación con alguien, escuchar música, etc. 6. Los pensamientos obsesivos son un síntoma que nos indica que algo no va  bien (punta del iceberg), por lo que sería conveniente averiguar la raíz y trabajarla,  ya que si solo centramos el foco en el pensamiento obsesivo no vamos a resolver el  problema. 
  6. Es importante entender que estos pensamientos no nos definen ni reflejan  nuestros deseos, intenciones, carácter o personalidad. En muchas ocasiones  aparecen como resultado de una mente activa. No te consideres mala persona por  el hecho de que esos pensamientos convivan dentro de ti. Piensa que si sientes  angustia y sufres es porque esos pensamientos chocan con tus principios y tus  valores. 

Con todas las pautas previas, poco a poco el pensamiento intrusivo irá perdiendo fuerza.