22 July 2025  /  María Arévalo

En consulta es frecuente escuchar las siguientes frases “cuando salgo de  la sesión estoy peor”, “después de la última sesión estuve tres días fatal, incluso  estuve a punto de llamarte”, “hoy venía con la intención de no llorar, pero cada  vez que me siento aquí lloro”, “estoy bien hasta que empiezas a hacerme  preguntas”, etc. Este tipo de cuestiones te pueden llevar a plantearte si la terapia  no está funcionando, incluso si sería conveniente dejarla, ya que puede parecer más un obstáculo que un beneficio, pero nada más lejos de la realidad.  Experimentar esa sensación es normal y forma parte del proceso terapéutico, es  uno de los efectos secundarios de la terapia, lo cual no significa que estés  retrocediendo, sino todo lo contrario es un signo de que estás en el camino  correcto. 

“Los grandes cambios siempre vienen acompañados de una fuerte sacudida.  No es el fin del mundo, es el inicio de uno nuevo” 

(Anónimo) 

Otro efecto de la terapia es sentirse tranquilo, relajado y liberado. ¿En qué consiste el malestar? 

Después de la primera sesión o de una sesión intensa se pueden experimentar varios síntomas tanto en el transcurso de la sesión como en los  días posteriores: llanto, angustia, miedo, agotamiento físico y emocional, dudas,  sueños, dolor de cabeza, fatiga, dolores musculares, mareo, etc. 

¿Por qué aparece esa sensación? 

Piensa que

  • En la primera consulta se recoge tu historia personal y eso implica remover  heridas que quizás no estén sanadas. La recogida de la historia personal  ayuda al profesional a conocer a la persona y a su vez, que esta entienda su presente y realice cambios en el futuro. 
  • Principalmente ocurre en las primeras sesiones, pero puede ocurrir en  cualquier momento de la terapia (ya que no es un proceso lineal), la  experimentación de emociones como enfado, tristeza, miedo, angustia,  confusión, dudas, etc. Piensa que la terapia te ayuda a conectar con tus 

emociones y te impulsa a hacerte preguntas para encontrar respuestas y así  orientar la toma de decisiones. 

¿Cuándo puede aparecer? 

  • En cada sesión ya que es el momento en el que te sientas y dedicas una  hora a conectar contigo mism@. Es el momento en el que la persona es  consciente de su realidad. Piensa que la ocupación del día a día, lejos de  ayudar a conectar con lo que sentimos, lo tapa. 
  • Después de una sesión intensa en la que se abordan temas dolorosos o  temas que no esperabas tratar. 
  • Cuando tomas conciencia de tus patrones inadecuados. Por ejemplo,  haber adquirido el rol de salvadora por carencias de tu infancia. Cuando tomas conciencia de que estás estancad@. 
  • Cuando tienes que poner en práctica lo abordado y empezar a realizar  cambios. 
  • Cuando te marcan una pauta con la que no estás de acuerdo y te cuesta  entender que es lo mejor para ti, aunque vaya en contra de tus esquemas.  Por ejemplo, cuando hay que realizar contacto 0 con alguien, cuando se  aconseja la derivación a psiquiatra para la toma de medicación. 
  • Cuando no existe alianza terapéutica entre profesional y paciente. Cuando la persona siente miedo o vergüenza de lo que estarán pensando  de ellas. 

¿Cuándo deja de ser normal? 

Hay que tener en cuenta que el malestar inicial que se experimenta al ir  al psicólogo es transitorio y debe ir remitiendo con las sesiones. También es  importante no tener prisa y entender que los resultados se ven a largo plazo. Para ello, es necesario que la persona tenga una actitud positiva hacia el cambio,  que sea honesta y lleve a cabo las pautas establecidas. Si a pesar de eso el  malestar continúa y no ves ningún avance sería conveniente hablarlo con tu  psicólog@.

Recomendaciones: 

  • Habla con tu terapeuta de cómo te sientes después de las sesiones para encontrar respuestas y soluciones. 
  • La solución no es dejar la terapia, ya que estarías huyendo. Piensa que, aunque cambies de profesional volverás a experimentar esa sensación en  algún momento porque forma parte del proceso. 
  • Entiende y acepta que sentirse peor forma parte del proceso de recuperación. Dedica tiempo después de la terapia a analizar lo abordado en consulta y  pregúntate porque te sientes mal. 
  • Dedica tiempo a poner en marcha las pautas establecidas por el terapeuta.  Si el terapeuta te manda tareas no las hagas minutos antes de la consulta,  es aconsejable dedicarle tiempo. 

A pesar de sentir el malestar es aconsejable dar una oportunidad a la  terapia y, como se ha dicho anteriormente, si el malestar se alarga en el tiempo  sería aconsejable hablarlo con el profesional, analizar qué puede estar pasando  y tomar decisiones al respecto, pero no tomes la decisión de forma individual,  consúltalo con tu terapeuta.