14 April 2026  /  María Arévalo


En la infancia el tipo de relación que se establece entre el niño y su  progenitor es fundamental para el desarrollo de un apego seguro, pero ¿Qué  ocurre cuando ese vínculo sigue siendo demasiado fuerte en la edad adulta? En  este caso hablamos de dependencia. 

La dependencia emocional hacia los padres es una cuestión difícil de  identificar porque se confunde con una forma de atención y amor hacia los  padres. 

¿Qué es la dependencia emocional hacia los padres? 

Partimos de la base de que la dependencia emocional es un tipo de  vinculación en la que una persona necesita a otra. Si nos lo llevamos al ámbito  de padres e hijos se traduce en: 

– Hijos que necesitan contárselo todo a los padres y consultar con ellos  cualquier decisión que tengan que tomar. 

– Se sienten culpables cuando van a hacer algo que saben que sus padres  no aprueban. 

– Viven con la sensación de “tener que pedir permiso”. 

– Cumplen con las expectativas que sus padres tienen de ellos para no  decepcionar o evitar conflictos, en lugar de hacer lo que realmente sienten. 

– Miedo a que le pueda pasar algo a sus padres. 

– Buscan el contacto diario con ellos (incluso varias veces al día). 

Causas 

Este tipo de dependencia tiene su origen en la infancia y en el vínculo que  se establece entre hijo y progenitor. 

Apego inseguro en la infancia: aquellos padres que no estuvieron  disponibles para el niño o que fueron muy demandantes con él puede  provocar que el niño crezca con inseguridad y miedo continuo al  abandono.

Sobreprotección: aquellos padres que le facilitan demasiado la vida a su  hijo, evitándole o salvándole de cualquier peligro hace que el niño crezca  sin confianza en sí mismo y percibiendo el mundo como un peligro. 

Emilia Faur (psicóloga social) realiza una aportación que es recogida por  Gabriela Navarro De la Redacción de La Nación sobre este tipo de vínculo  entre padres e hijos. Se tiende a pensar que los vínculos tóxicos entre  padres e hijos son solo aquellos en los que el progenitor no está disponible  para el niño, pero no es así, un vínculo tóxico también es la  sobreprotección, y así lo reflejan estas palabras: 

Culpa aprendida: aquellos padres que pronuncia frases del tipo “ya no  quieres a tus padres”, “ya no haces planes con nosotros” “con todo lo que  hemos hecho por ti” provocan en el niño una sensación de deuda y por lo  tanto la necesidad de compensar a sus padres por todo lo que le han  brindado.

Falta de identidad: en algunas familias los hijos son una extensión de  sus padres, tanto en lo que sienten como en lo que piensan, por lo que  los hijos crecen sin desarrollar su propia personalidad, generando adultos  inseguros y dependientes. 

Dependencia en uno de los progenitores: aquellas familias en las que  uno de los miembros adopta un patrón dependiente hace probable que el  hijo aprenda ese patrón entendiendo que querer significa renunciar a uno  mismo. 

Consecuencias 

La dependencia emocional hacia los padres provoca diversas  consecuencias, ya que hay que tener en cuenta que se genera una dependencia  mutua: 

– Sentimiento de desprotección. 

Inseguridad constante debido a la sobreprotección que la persona  recibe por parte de sus padres. Se facilitan la vida mutuamente, de  manera que la sobreprotección que recibe la persona hace que se sienta  indefensa ante la vida y al mismo tiempo se genere ese sentimiento de  deuda hacia los padres. 

Dificultad para tomar decisiones, ya que la persona duda de ella misma,  por lo que necesita la aprobación de los demás. 

Malestar y ansiedad si está lejos de sus padres o hay puntos de vista  diferentes. 

Dificultad para poner límites

Sentimiento de culpa al priorizar las propias necesidades. – Establecimiento de vínculos dependientes en cualquier ámbito de su  vida. 

Miedo intenso a decepcionar

– Obtención de validación a través de agradar a los demás. Solo se siente bien si otra persona lo necesita. 

Sentimiento continuo de no ser suficiente, a pesar de los comentarios  positivos del entorno. 

– Tendencia a huir del conflicto, aunque sea necesario.

Herramientas para gestionar la dependencia emocional hacia los padres 

Lo primero que hay que dejar claro es que cuando se aborda una  dependencia emocional el objetivo no es que una persona deje de querer a otra,  sino aprender a vincularse de una forma sana sin llegar a romper el vínculo. 

  1. Identifica y reconoce que tienes dependencia hacia tus padres. El  primer paso es reconocer que existe un vínculo poco sano con tus padres. Aprende a escuchar cómo te hace sentir esa situación sin juzgarte. 
  2. Aprende a diferenciar entre “querer” y “estar obligado a”. El amor que  sientes hacia tus padres no significa que tengas que cumplir con todas las  expectativas que tienen hacia ti.  
  3. Plantéate empezar a tomar tus propias decisiones sin consultarlo  previamente. Puedes comenzar con cosas del día a día. Hazlo y  comunícalo una vez que esté hecho. 
  4. Acepta que el sentimiento de culpa aparecerá al dejar de comportarte  como venías haciéndolo todos estos años. Piensa que estás  acostumbrado a una forma de relacionarte y ahora tienes que cambiarla,  a lo que se suma los comentarios culpabilizadores que escucharás de tu  entorno. Un entorno que ha estado cómodo debido a tus aportaciones y  que ahora empieza a perder “privilegios”. Es fundamental que entiendas  que no estás haciendo nada malo. Simplemente estás cambiando un  patrón y eso no le gusta a la otra persona.  
  5. Aprende a poner límites. Poner un límite no hace que una relación se  rompa, sino que la persona que recibe el límite no lo acepte. 

6. Es el momento de cuestionar ideas que nos han inculcado desde  pequeños como por ejemplo “Tengo que hacerlos feliz” “Tengo que  devolverles todo lo que han hecho por mi” y ser consciente de que hay  otras formas de vincularse.