15 October 2024  /  María Arévalo

En un ensayo de Eduardo Aldán titulado “Escucha” (2019) aparece una  frase que dice: 

“A veces, la mejor respuesta es simplemente escuchar y estar presente” 

Esta frase hace hincapié en la importancia de saber sostener el malestar  emocional de otras personas. A esto se le conoce como contención emocional

Cuando vemos a alguien mal nace la reacción automática de ayudar a esa  persona, pero ¿Realmente sabemos brindar apoyo emocional en esos  momentos? 

Brindar apoyo emocional es similar a comprar un regalo. Os  preguntaréis por qué. Porque hay varias formas de hacer un regalo: 

  1. Puedes comprar un regalo en base a lo que a ti te resulta atractivo, pero  sin tener en cuenta los gustos de la persona que lo va a recibir. Para que  nos entendamos, estás comprando más un regalo para ti que para la otra persona.
  2. Puedes ir buscando simplemente tener un detalle “ese día”, por lo que apuras hasta última hora y buscas un regalo material (incluso coges lo  primero que ves). 
  3. O bien, tienes en mente ese día especial, empiezas a darte cuenta que  se acerca el día, empiezas a pensar en esa persona, tu intención es  sorprenderla, piensas en sus gustos, intentas recordar conversaciones  que habéis tenido por si ha hecho referencia a algo que le haría ilusión  tener para regalárselo de sorpresa, buscas detalles que implican  sensibilidad para que la persona se emocione y se ilusione. Tú disfrutas  mientras lo preparas porque tienes ganas de ver la cara de ilusión que  pondrá cuando lo vea. 

Según la implicación que pongamos en el regalo tendrá mayor o menor  impacto en la persona. Pues bien, igual ocurre con el apoyo emocional. Hay que  realizarlo desde el cariño, la implicación, la dedicación, el respeto, la paciencia,  etc. 

Hay que partir de la base de que acompañar:

NO ES sacar la varita mágica y resolver los problemas de la persona. – NO ES decirle lo que tiene que hacer. 

NO ES hablar de tu propia experiencia. Evita el “YO”. En momentos de  acompañamiento no es aconsejable que te pongas de ejemplo porque se  desvía el foco de lo verdaderamente importante que es el malestar de esa  persona.  

NO ES evitarle dolor ni sufrimiento. 

NO ES quitarle importancia al tema haciéndola reír o haciendo que esté  ocupada para que no piense y por lo tanto no sufra. 

NO ES tener que decir algo obligatoriamente. A veces acompañar y  sostener supone no decir nada. 

Hay varios aspectos a tener en cuenta

  1. Seleccionar el momento y el lugar adecuado. Ej. Preguntarle a la persona  si te la encuentras haciendo la compra no es lo más idóneo. Primero porque  estás realizando la pregunta en medio de una actividad y lo más normal es  que la persona no pueda pararse, y segundo porque un supermercado no es  el contexto más adecuado para facilitar la descarga emocional. Por lo tanto,  tiene que ser un momento en el que no tengas prisa ni tú ni la otra persona,  es decir, que el tiempo no esté limitado ni se pueda ver interrumpido por algo  o alguien, y un contexto que favorezca la descarga emocional sin ninguna  cohibición. Ej. Puedes invitar a la persona a tu casa a tomar un café. 
  2. Si tienes dudas de cómo ayudarla pregunta directamente a la persona  cómo puedes ayudarla o si le apetece hablar de cómo se encuentra. Es  importante no tener miedo de realizar esa pregunta. Al hacerla estamos  transmitiendo nuestra intención de acompañarla intentando no equivocarnos,  y al mismo tiempo estamos dando libertad a la persona para que decida. Sea  cual sea la respuesta hay que respetarla. 

Si responde que SI buscamos el contexto y el momento para tener  esa conversación. 

Si responde que NOlo aceptamos y no lo tomamos como un  rechazo, ni como una cuestión personal, sino como una respuesta  normal, entendiendo que la persona necesita su espacio.

  1. No presionar a la persona a hablar ni someterla a un interrogatorio. Hay  que ser prudente en las preguntas. Ella irá marcando los tiempos. Es  importante dejar que la otra persona exprese todo lo que necesite sin  interrupciones.  
  2. Si la persona decide compartir contigo su malestar no debes sentirte  incómodo por el llanto o los silencios que puedan aparecer.  5. Para ayudar a la persona tienes que empatizar con ella, pero sin que te  afecte personalmente porque entonces te ahogarás con ella en la pena y la  función de sostener desaparecerá. 
  3. No tienes porque hablar, a veces es mejor escuchar y que la persona te  sienta cerca (a través de un abrazo, un beso, sentarte cerca de esa persona,  agarrarle la mano). No tengas prisa por hablar ni por consolar (como dijimos  en el programa anterior sentirnos escuchados hace que la intensidad de la  emocional baje), a veces hablar demasiado (por la incomodidad de no saber  qué decir) puede interrumpir la descarga emocional, por lo que la presencia  física puede ser suficiente. 
  4. No forzar los tiempos de la persona. A veces obligamos a las personas a  que hagan cosas que no les apetece para evitar que se queden solas o que  sufran. Cada persona se conoce a sí misma y sabe cuándo necesita estar  sola para descargar. No hay que olvidar, la persona que sostiene tiene como objetivo facilitar el desahogo emocional, no bloquearlo, por lo que hay que  ser prudentes y entender que las personas también necesitan su espacio y  tenemos que respetarlo y concedérselo.