14 May 2025  /  María Arévalo

Cuando nos planteamos ir al psicólogo son muchos los pensamientos y  sentimientos encontrados que pueden venir a nuestra mente. Ya hicimos un  programa en el que se abordaban los motivos que obstaculizaban ir al  psicólogo. Aquellas personas que no lo han escuchado recomiendo que lo  hagan. 

En ese programa, una de las cosas de las que se hablaba es el estigma  social que supone ir al psicólogo (¿Qué pensarán si voy al psicólogo?), aunque  también hay que decir que, afortunadamente, ese estigma va cambiando sobre  todo en gente joven.  

Sumado al estigma social, hay otro factor que se convierte en un obstáculo  cuando alguien se plantea acudir al psicólogo, y es el miedo y la vergüenza que  supone tener que ponerte delante de una persona con la que tienes que  desnudarte y compartir tu dolor. Es cierto que es un profesional, pero no deja de  ser una persona a la que estás viendo por primera vez.  

Es normal tener ese miedo y sentimiento de vergüenza cuando acudes  por primera vez a un psicólogo, pero quiero matizar, que esos sentimientos no  solo son normales la primera vez, sino también cuando ya has estado  anteriormente en un profesional. ¿Qué es lo que ayuda a que esos  sentimientos desaparezcan? La alianza terapéutica

¿Qué es la alianza terapéutica? 

Es la relación que se establece entre el terapeuta y el paciente durante  las sesiones. Es ese “feeling” que debe existir para que el proceso de  recuperación evolucione de forma favorable. Podemos decir que es una  condición indispensable, y para que exista esa alianza terapéutica, la relación  debe estar basada, por parte de ambos, en: 

Confianza: la forma que el profesional tiene de transmitir confianza es la  confidencialidad, la cual es una obligación del profesional y un derecho  del paciente.  

El profesional tiene que proporcionarle al paciente un espacio seguro en  el que poder expresarse sin miedo. Por su parte, el paciente transmite esa 

confianza partiendo de la sinceridad, puesto que es la herramienta con la  que el profesional va a trabajar para poder ayudarlo. 

Empatía: para que exista conexión entre dos personas debe existir la  empatía, y para ello, deben darse dos condiciones fundamentales: el  profesional tiene que saber escuchar y, lo más difícil, transmitirle al  paciente que está siendo escuchado, y, por otra parte, el paciente tiene  que abrirse y sentirse escuchado, entendido, “cuidado”, etc. En definitiva,  el paciente tiene que sentir que hay alguien dispuesto a ayudarle de  “forma incondicional”. 

Respeto: esto se consigue desde el “no juicio” por parte del profesional,  y respetando los tiempos del paciente. (Hay una paciente que me dice  mucho “Tú no me vas a juzgar, ¿verdad?”). 

Hay informaciones que el paciente no está preparado para dar al inicio del proceso, pero una vez que se siente preparado lo expone. Por parte del  paciente, el respeto se consigue no invadiendo la parte privada del  profesional; por ejemplo, no haciendo preguntas personales que puedan  hacer sentir incómodo al profesional. 

Hay que tener claro que el profesional no dice lo que hay que hacer, sino  que se encarga de acompañar a la persona para que ella encuentre las  respuestas. 

A veces, hemos escuchado a alguien decir “Estuve en un psicólog@, pero  no me fue bien”. Esta frase, quizás refleja que no se produjo esa alianza  terapéutica. Esto no quiere decir que el profesional al que fue esa persona era  mal profesional, sino que, simplemente, no se produjo esa conexión de la que  hablamos y que es fundamental en el desarrollo de un proceso terapéutico. 

Esto genera ciertas reticencias en las personas y dificulta que vuelvan a  pedir ayuda. Por eso quiero explicar que entra dentro de la normalidad acudir a  un profesional y que no se produzca esa conexión, pero la solución no está en  no volver a buscar ayuda, sino todo lo contrario. Hay que buscar hasta encontrar  a ese profesional con el que te sientes cómod@ y seguro al expresar lo que  piensas y lo que sientes.

También es importante tener en cuenta que el proceso terapéutico no es  una alfombra roja. Con esto quiero decir, que también es tarea del profesional  (tirando del concepto de honestidad en el que se sustenta el vínculo terapéutico) hacerle ver al paciente que no está percibiendo las cosas de forma correcta o  que no está cumpliendo con las pautas establecidas. Esto puede generar un  pequeño “choque” en el paciente, bien porque su mente no esté de acuerdo, o  porque no esté preparad@ para recibir esa información. En ese momento, entra  en juego el vínculo terapéutico. Si el vínculo terapéutico es fuerte, el paciente  entenderá que se lo dice desde la ayuda y continuará con su proceso. ¿Qué  objetivo tendría un profesional diciéndote algo que a tu mente no le parece bien,  salvo buscar lo mejor para ti? 

Es compatible tener un vínculo terapéutico fuerte y que el paciente se  sienta molesto por alguna reflexión del profesional. Lo que pretende el vínculo  terapéutico no es que el paciente no se moleste, sino aportar la confianza  suficiente para que pueda compartir libremente que está molesto, y así poder  llegar a un entendimiento, sin tener que abandonar el proceso terapéutico. 

Beneficios de la alianza terapéutica. 

La alianza terapéutica es un factor de buen pronóstico en el proceso de  recuperación, porque es uno de los elementos que por sí solo hace que la  persona se sienta mejor (al sentirse escuchada). 

Lambert es un psicólogo clínico, que en 1992 comenzó a estudiar el  impacto de esta variable en el proceso terapéutico, siendo pionero en dichos  estudios. Según sus investigaciones, el vínculo terapéutico es una variable  capaz de predecir hasta un 30% del éxito de la terapia. 

En alguna ocasión, los pacientes nos verbalizan a los profesionales “Gracias a ti estoy bien”, yo les explico que la parte más importante la ha  realizado él o ella, a lo que contestan que “Si, pero también es importante  encontrar un profesional con el que conectar”, y en ese momento me doy cuenta  de que los dos estamos poniendo sobre la mesa el concepto de alianza  terapéutica. Sin vínculo, es complicado iniciar y sobre todo mantener un proceso  de recuperación. También hay que dejar claro que no es el único factor que  interviene en el proceso terapéutico, aunque sí es uno de los más importantes.