Instinto de supervivencia: ¿cómo nos protege ante peligros físicos y emocionales?
Alejandra de Pedro es una psicóloga especializada en ansiedad y en gestión emocional y refiere que «Tu cerebro no está hecho para que seas feliz, está hecho para que sobrevivas«.
¿QUÉ ES EL INSTINTO DE SUPERVIVENCIA?
El instinto de supervivencia hace referencia a aquellas conductas innatas, automáticas y rápidas que tienen como objetivo proteger a la persona ante un peligro (ya sea físico o emocional).
Un ejemplo claro es cuando vamos por la calle, es de noche y escuchamos unos pasos. En este momento, sentimos miedo, y ese miedo hace que aparezca el instinto de supervivencia que nos hace ponernos en alerta, correr y por lo tanto protegernos.
Pero más allá de lo físico, el instinto de supervivencia también juega un papel importante en nuestro bienestar emocional.
Por ejemplo, en un proceso de duelo, ya sea por fallecimiento de un ser querido, un cambio de trabajo, una ruptura, el diagnóstico de una enfermedad física o mental, etc., el instinto de supervivencia nos hace buscar estrategias de afrontamiento.
¿PORQUÉ ES POSITIVO EL INSTINTO DE SUPERVIVENCIA?
- Ayuda a protegernos de peligros reales.
- Ayuda a prever riesgos futuros y a evitarlos.
- Fomenta la resiliencia: nuestra capacidad de sobreponerse ante las adversidades buscando diferentes alternativas.
- Nos permite desplegar herramientas para resolver problemas: pensar de forma racional dejando al margen los sentimientos, así como tolerar y manejar la incertidumbre.
- Ayuda a tener un propósito en la vida, aunque sea sobrevivir (puedes hacerlo porque sabes que no queda otra opción o lo haces por la gente que tienes alrededor).
Uno de los momentos en los que el instinto de supervivencia se percibe con más claridad es el proceso de duelo (cualquier pérdida o proceso de cambio en la vida ya sea pérdida de un ser querido, ruptura, enfermedad, despido laboral, etc.), ya que:
ψ La persona vive con un malestar constante.
ψ Ese malestar continuo condiciona su vida, de manera que la persona pierde su esencia y:
✓ Actúa por inercia.
✓ No tiene motivación ni ilusión por nada, le cuesta experimentar sensaciones agradables. La persona centra sus esfuerzos en sobrevivir y no hay fuerzas para nada más.
✓ Cumple con sus responsabilidades (trabajo, casa, hijos, compromisos sociales, familiares, laborales, etc.) porque es lo que debe hacer. Como he dicho antes no existe ilusión, ni tiene objetivos que es lo que da sentido a nuestras vidas, por lo que su proyecto de vida se detiene <Vives porque respiras>.
Tras un periodo de tiempo así, la persona siente que “le faltan fuerzas” y que el esfuerzo que tiene que emplear para seguir funcionando con relativa “normalidad” es desproporcionado. Cada vez se percibe con menos fuerza, todo se le hace un mundo, ya que tiene que aparentar una normalidad que ni existe ni siente. Imagina tener que sonreír cuando lo único que quieres es llorar; o tener que cumplir con compromisos en los que debes mostrar una relativa normalidad cuando lo único que quieres es estar sol@. En estos casos, se está reprimiendo lo que realmente se está sintiendo.
En el duelo, el instinto de supervivencia se activa desde el principio con esa fase de bloqueo en la que la persona no es consciente de la realidad al 100%, se continúa con la fase en la que:
– Se entra en bucle con preguntas sin respuesta ¿Por qué ha pasado?, pensar en lo que se podía haber hecho para evitar ese momento, etc. – Sentimiento de culpa: si hubiera hecho o dicho.
– Rabia y odio con la vida.
– Abandono personal.
– Aislamiento social.
Finalmente, cuando la persona lleva un tiempo en ese punto, en el que el sufrimiento es desbordante, la persona “toca fondo” y es el momento en el que la persona empieza a ser consciente de que comienza a sobrevivir (aunque lo cierto es que está sobreviviendo desde el minuto uno). Aquí la persona empieza a entender que tiene que aprender a vivir con la ausencia de esa persona.
PASOS QUE SE ACTIVAN EN EL INSTINTO DE SUPERVIVIENCIA.
Cuando nos encontramos ante una situación que nos desajusta y que nos desborda, se puede pasar por distintas fases:
- Tras un periodo de mucho sufrimiento, la persona se plantea: “no puedo seguir así”.
- ¿Qué hago?
- Se empiezan a tomar decisiones (valoro si necesito ayuda de un profesional, mantengo una rutina mínima para no caer en el abandono, escucho a mi cuerpo y a mis emociones, les hago caso, etc.)
- Ejecutar cambios planteados en el paso anterior (busco profesionales, me informo, pido cita, me marco una serie de tareas básicas para estar ocupad@, etc.)
- Recibo tratamiento
- Constancia: la constancia y la disciplina son las cualidades en las que más se flaquea y eso es lo que dificulta la recuperación de cualquier persona. Cuando el dolor te zarandea y no hay herramientas para combatirlo, el dolor termina devorándote. Por eso es tan importante luchar diariamente e ir enfrentándose a lo que el proceso de duelo te pone por delante.
- Disciplina
- Mentalización (la repetición de los cambios propuestos en las fases anteriores nos ayuda a sobrevivir y a ir avanzando poco a poco). Con ello, evitamos el estancamiento que es el objetivo principal.
- Liberación: Liberación no significa ser feliz, significa ser capaz de continuar de una manera muy diferente a como lo hacías antes.
Volviendo a la frase de Alejandra de Pedro con la que he comenzado el programa «Tu cerebro no está hecho para que seas feliz, está hecho para que sobrevivas«, quiero dirigirme a aquellas personas que están atravesando un momento de oscuridad en el que, seguramente, cuando miran hacia el futuro sientan ahogo porque no ven solución a su dolor, incluso sientan que ese dolor no se irá jamás. A todas esas personas, quiero transmitiros que el instinto de supervivencia os ayudará a ir encontrando las respuestas que necesitáis. Respuestas que os ayudarán a no vivir con rabia, y eso dará paso a la tristeza que es la que os ayudará a aceptar la realidad tan dura que os está tocando vivir. Recordad que el instinto de supervivencia os ayudará: NO a ser felices, sino a continuar viviendo sin ahogaros.