Más allá de la ayuda: El complejo mundo del Salvador
Seguro que todos hemos conocido a esa persona que se desvive por los demás sin esperar nada a cambio. Esa persona por quien nos sentimos protegidos, que observa nuestras necesidades y las cubre sin necesidad de pedírselo… Pues bien, este programa va dirigido a todas esas personas que adquieren el rol de SALVADOR/SALVADORA.
¿Qué es el rol del salvador?
Es un patrón de comportamiento en el que la persona siente una fuerte necesidad de ayudar a los demás. Lo hace de manera desproporcionada, hasta el punto de sacrificar sus propias necesidades. En la escala de prioridades siempre están, primero, los demás y luego yo.
Características
▪ Tienen un excesivo sentido de responsabilidad hacia los demás y los problemas de estos.
▪ Se olvidan de sus propias necesidades.
▪ Se perciben a sí mismos como héroes, salvadores, e incluso imprescindibles.
▪ Su valía y su identidad se construye en base a la ayuda incondicional a los demás. La mente trabaja con etiquetas “si ayudo soy buena”, “si me prioriza o hago lo que me apetece soy mala persona y egoísta”.
¿Porqué se adopta ese rol?
✓ La persona necesita sentirse valorada y querida.
✓ Cuando reciben aprobación por la ayuda prestada, la persona experimenta una sensación agradable y su autoestima sube, por lo que esa aprobación se convierte en el refuerzo perfecto, haciendo que la persona capte que ese es el camino para sentirse bien, y hará que se siga comportando de esa manera.
✓ La inseguridad y la baja autoestima puede hacer que la persona se vuelque en los demás como un mecanismo de defensa para: 1) sentir esa seguridad de la que carece, y por otro lado 2) evitar enfrentarse a sus inseguridades y problemas, al poner el foco en los demás.
¿Qué consecuencias negativas puede tener esto?
- La persona se siente bien, exclusivamente, ayudando a los demás, ya que su vida se reduce a eso.
- Su vida se centra en controlar que todo esté bien.
- Vive en alerta por si hay algún problema o necesidad que atender para “salir corriendo” a resolverla.
- Va por delante de las necesidades de los demás, dando cobertura antes de que aparezca la necesidad o incluso, antes de que las personas le pidan ayuda. Por otro lado, si una persona verbaliza que no puede o que necesita ayuda, automáticamente ofrece ayuda a esa persona.
- Deja de hacer planes, por ejemplo, irse a la playa (lo que implicaría salir de su zona de confort), ya que si ocurre algo le pilla lejos y no puede dar cobertura rápido.
Cuando una persona vive un largo periodo de tiempo atendiendo las necesidades de los demás y obviando las suyas, se produce una desconexión de sí misma (llega un momento en el que la persona no sabe quién es, se siente perdida), puesto que ha construido su identidad en base a la ayuda hacia los demás. Todo eso, sumado al agotamiento emocional que esa dinámica genera.
¿Qué efectos tiene el rol del salvador en los vínculos?
Esta situación tiene un fuerte impacto en los vínculos, ya que la persona que adopta este rol está expuesta a un estrés continuo al vivir pendiente de los problemas o las necesidades que puedan surgir. Lo curioso es que cuando esa dinámica se lleva a cabo durante años, lo que empiezas a exigirte tu mism@, terminan exigiéndotelo los demás, ya que lo que empezó siendo una ayuda, se termina convirtiendo en una obligación. Ese esfuerzo continuo y esa exigencia externa deriva en síntomas de ansiedad y/o depresión.
Por otro lado, no podemos olvidar el impacto que esta dinámica tiene sobre la persona salvada, la cual termina siendo invalidada, ya que pierde autonomía al depender de otra persona, que es la que se encarga de resolverle los problemas. A corto plazo puede suponer una sensación agradable, e incluso de descarga para la persona que recibe la ayuda y de bienestar para la persona que la ejerce al sentirse útil, pero a largo plazo se establecen relaciones
asimétricas. También la persona ayudada puede sentirse invadida, si se le ofrece continuamente una ayuda que no considera necesaria.
Lo que inicialmente parece una situación perfecta termina convirtiéndose en una situación llena de tensión, ansiedad y estrés, al entrar en un círculo destructivo.
A continuación, aparece un esquema que explica la dinámica.
- La persona salvadora ayuda y a cambio recibe sensaciones agradables: se siente útil porque ayuda a los demás y eso hace que las personas le hagan comentarios positivos y que la vuelvan a buscar cuando tienen un problema. También se siente valorada, «querida», tenida en cuenta, etc.
- Esta dinámica hace que se establezcan relaciones asimétricas, y patrones rígidos: una persona cuida y la otra se deja cuidar. ¡OJO! Es importante tener en cuenta que está dinámica no solo se refleja en la relación de estas dos personas, sino en cualquier vínculo que cada una de ellas tengan. De manera que la persona que cuida, cuidará a toda persona de su alrededor, y la persona que se deja cuidar, se dejará cuidar por todo el que tenga a su alrededor, incluso lo reclamará.
- Lo que al principio parecía algo idílico empieza a generar problemas. ¿Porqué? Imaginaos una cuenta bancaria en la que tenemos muchos ahorros y comenzamos a sacar dinero para ayudar a los demás, pero no hay ningún tipo de ingreso en esa cuenta. Es evidente que llegará un momento, con el paso de los meses o años,
puesto que no vamos a ver el efecto de forma inmediata, en los que esa cuenta quede a 0. Pues bien, eso es lo que ocurre en este tipo de relaciones. La persona que lleva mucho tiempo “dando” termina sintiéndose vacía porque solo “da”, pero no recibe lo mismo que da, por lo tanto, no se llena.
- Ese malestar hace que la persona salvadora entre en un bucle de malestar en el que aparecen sentimientos que nunca antes habían aparecido: tristeza, vacío, sentimiento de abandono, de no ser importante para nadie, de sentirse utilizado, de queja continua, de irritabilidad, frustración, etc., ya que dar se convierte en un problema, puesto que la persona está desgastada y agotada debido a los esfuerzos previos, pero al mismo tiempo no puede abandonar el papel de salvador.
Cómo abordarlo
Soltar ese patrón es un proceso que requiere tiempo, pero una vez conseguido es liberador para la persona y ayuda a mejorar el vínculo con los demás.
¡OJO! Si este patrón de comportamiento no se trabaja se puede cronificar, llegando a convertirse en parte de la identidad de la persona.
Pasos…
- Tomar conciencia: siempre decimos que la consciencia es el primer paso de cualquier cambio, y en este caso, la persona tiene que ser consciente de que está adoptando el papel de salvadora.
Puedes preguntarte ¿por qué sientes la necesidad de ayudar incondicionalmente a otras personas?; ¿Con qué objetivo lo haces?; ¿Qué pretendes con ello?
- Entender que no es la mejor manera de “llenarte” ni de construir tu identidad.
- Entender que nuestra capacidad de ayudar es limitada. No tenemos superpoderes y no podemos, ni debemos, abarcar aquello que no nos corresponde. Es bueno preguntarse ¿Esta guerra es mía? ¿Esto me corresponde a mí?
- Entender que el objetivo es buscar el equilibrio entre ayuda y el cuidado personal., y para ello hay que aprender a poner límites. Cuando se da esta pauta, algunas personas lo encajan mal porque sienten que les estás pidiendo que dejen de hacer aquello que llevan haciendo años y aquello que
(desde una perspectiva errónea) les hace sentir bien. ¿Cómo no voy a ayudar a mis hijos, mis padres, mi pareja, etc.? No se trata de dejar de ayudar, ya que prestar ayuda a otras personas es un aspecto importante, pero no podemos hacerlo acosta de uno mismo ni de sacrificar las propias
necesidades. Por ello, hay que buscar el equilibrio entre ayudar a los demás y el cuidado personal.
- Trabajar el sentimiento de culpa que acompaña al acto de “atender las propias necesidades”. En este caso, la persona tiene que priorizar sus
necesidades y eso lo percibe como un signo de egoísmo, que se acompaña de sentimiento de culpa. ¡No olvides que tienes derecho a mirar por ti! Rompe con esas etiquetas “si ayudo soy buena”, “si me priorizo o hago lo que me apetece soy mala persona y egoísta”.
¡OJO! Ten cuidado porque hay personas que pueden hacerte sentir culpable cuando dejas de hacer algo que a ellas le benefician.
- Entender que tenemos que ayudar a la otra persona a adquirir herramientas para gestionar su vida, en lugar de invalidarla. 7. Una de las consecuencias del rol del salvador es que entra en un bucle negativo en el que la persona se queja continuamente al ver que no valoran su esfuerzo o no se siente cuidado/a por los demás, pues bien, no puedes pedirle a otra persona lo que tu mismo no eres capaz de darte. Por lo tanto, la clave está en abandonar la queja y empezar a actuar. Comienza a mirar por ti.
Cuando una persona entiende la siguiente frase es cuando abandona el rol de salvador:
“Ni tú eres mi problema, ni yo soy tu solución”
(Frase de una paciente en consulta)