19 October 2021  /  María Arévalo

Cuando se está mal se suelen escuchar expresiones del tipo “no te agobies”, “tú lo que tienes que hacer es estar bien”, “lo que tienes que hacer es salir, vivir la vida, que la vida son dos días”, etc. Seguro que estas frases las habéis escuchado y también las habéis pronunciado en algún momento de vuestras vidas. 

Son expresiones que tienden a utilizarse cuando vemos a alguien pasar por un mal momento (sobre todo ante periodos de duelo/pérdida). El objetivo que se persigue al utilizar este tipo es expresiones es aliviar el sufrimiento de esa persona y darle ánimos. 

En esta línea, hay una frase que se suele usar con frecuencia “El tiempo lo cura todo”. Pero ¿Qué hay de cierto en esta frase?

Al contrario de lo que pueden pensar muchas personas, tomar esta frase de forma literal puede ser más perjudicial que beneficioso. ¿Qué pasa si una persona simplemente deja pasar el tiempo pensando que eso le va a ayudar?

  • Evita buscar ayuda profesional.
  • Se convierte en víctima de su pasividad: está dejando en manos de la suerte su felicidad, se cruza de brazos y cae en la pasividad sin realizar ningún cambio ni ningún esfuerzo para aliviar el dolor. 
  • Aparta el dolor, pero no lo trabaja
  • Se sorprende cuando va pasando el tiempo y no solamente no mejora si no que se encuentra peor. Esto se explica porque si la persona solo deja pasar el tiempo y no realiza cambios, corre el riesgo de que la intensidad de los sentimientos negativos se incremente, se enquisten y se cronifiquen (puede durar años). Por lo tanto, al contrario de lo que se piensa, conforme pasen los días, el malestar en lugar de disminuir, aumentará.

Hacerte responsable de tu dolor implica sentirlo, aceptarlo, tratarlo… y solo así alcanzarás la sanación.

  • Puede experimentar una sensación de falsa recuperación, en la que la persona siente que el tiempo ha disminuido el dolor, pero en el momento en el que se viven experiencias similares el dolor que está latente aflora. 

Ej. Una persona que ha tenido una ruptura de pareja, puede tener la sensación de que el tiempo ha disminuido el dolor, pero si no trabaja sus sentimientos ni los asuntos que quedan pendientes tanto con su antigua pareja como con ella misma, ese dolor vuelve a aflorar cada vez que la persona inicie una relación, viéndose ésta deteriorada.

¿QUÉ HACER?

  • Lo primero es entender que nosotros somos el motor principal del cambio, eso sí, acompañado del tiempo. El tiempo se convierte en un aliado perfecto pero el tiempo no nos cura, nos curamos nosotros cuando nos implicamos en nuestro crecimiento, dándonos la oportunidad de revisar y sanar lo que quedó abierto.

 

  • También sería importante tener en cuenta aquellos signos que nos indicarían que hay temas abiertos: 
  1. Recordar de forma frecuente (voluntaria o involuntariamente) personas, situaciones o sentimientos relacionados con el pasado.
  2. Imaginar conversaciones que tendrías que haber tenido con alguien pero que nunca se produjeron.
  3. Cuando alguna situación que estás viviendo en el presente te recuerda a alguna del pasado y no puedes disfrutar de ese momento.
  4. No actuar por miedo a que ocurra lo mismo que en el pasado (ej. No iniciar una relación de pareja por miedo a volver a pasarlo mal)
  5. Cuando sientes que algo te ha hecho mucho daño y no te permite seguir tu vida con normalidad.

 

  • Una vez identificado el dolor es hora de empezar a trabajarlo.

 

“El tiempo se convierte en un aliado curativo sólo si tenemos la valentía de comprometernos en nuestro bienestar e ir al encuentro de aquello que necesitamos revisar”

“Siempre dicen que el tiempo cambia las cosas, pero en realidad se tienen que cambiar por uno mismo” (Andy Warhol).