26 October 2021  /  María Arévalo

Cuando hablamos de “perdón”, seguramente lo primero que nos viene a la cabeza son situaciones en las que hemos pedido perdón a alguien o situaciones en las que hemos perdonado a alguien. Pero ¿Qué pasa cuando hablamos de perdonarnos a nosotros mismos? Esto no es tarea fácil.

A lo largo de la vida se van tomando decisiones. Esas decisiones tienen consecuencias. Algunas son positivas, y tanto nosotros como nuestro entorno salimos beneficiados, y otras no tanto, viéndonos afectados tanto nosotros como nuestro entorno. 

Lo cierto es que cometer errores o tomar decisiones equivocadas es inevitable. ¿Cuántas veces os habéis lamentado de lo que se pudo haber hecho y no se hizo; o lo que se hizo y no se debería de haber hecho? ¿Cuántas veces os habéis lamentado de no haber hablado claro a un encargado, a un compañero, a tu pareja, a tus padres, a tus hijos, a un amigo, etc.? ¿Cuántas veces os habéis lamentado por haber pasado un mal momento, estar inaguantables y haberle hablado mal a las personas que queréis? ¿Cuántas veces os habéis lamentado de no haber tomado decisiones a tiempo y haber alargado una situación que lo ha complicado todo?, etc. Se podrían enumerar multitud de situaciones que, aunque diferentes, tienen un denominador común: el malestar que generan, dando paso al sentimiento de culpa. 

Siempre hemos dicho que todas las emociones son necesarias puesto que todas tienen una función, y el sentimiento de culpa no va a ser menos. Sentir culpa es un buen indicador, ya que indica que somos conscientes de que algo no se ha hecho bien. Precisamente esos errores y el malestar generado por los mismos es lo que nos va a permitir buscar la forma de resolver esa situación. 

El sentimiento de culpa es más frecuente de lo que se piensa y por esa razón se tiene que aprender a lidiar con él.

Ejemplo:

  • Adicciones, depresión, trastornos de la alimentación, trastornos mentales: una vez que hay reconocimiento de la enfermedad, la persona se siente culpable del tiempo perdido; de no ser capaz de dar respuesta a su situación; del daño ocasionado a la familia y a él mismo, etc.
  • Violencia de género: sentimiento de culpa en las madres por no haber cortado antes la situación y en los hijos por no haber podido ayudar a su madre de alguna manera, o por el hecho de que esa experiencia haya condicionado su vida en el futuro.
  • Bullying: se culpa a si mismo por no haberse enfrentado, en su momento, al niño que lo agredía verbal o físicamente, permitiendo que eso haya condicionado su vida y la forma de relacionarse, siendo una persona desconfiada, que vive con rabia, que se siente vulnerable, que tiene dificultades para realizarse, que tiene comportamientos agresivos, etc.

La culpa:

  • Nos lleva al estancamiento: se gasta energía en darle vueltas a una situación del pasado que no se puede cambiar, por lo tanto, dejamos de vivir el presente y el futuro para mantenernos anclados al pasado.
  • Genera sufrimiento

 

¿CÓMO PERDONARNOS? 

Perdonarse a si mismo no se consigue con una única acción, sino que es un proceso que requiere tiempo.

  • Perdonar NO es justificar: el primer paso es entender que “perdonarse a uno mismo” no es minimizar, quitar importancia o justificar lo que se ha hecho mal, sino reconocer la verdad, ser honesto con uno mismo y asumir la responsabilidad de lo que ha ocurrido. 

*Si pensamos que “perdonar” es justificar la cta. Errónea, no nos vamos a desprender del sentimiento de culpa, convirtiéndose en la forma de pagar el castigo por haber hecho mal las cosas.

    • El siguiente paso es analizar qué nos llevó a actuar así. Vuelvo a repetir que no se trata de buscar una excusa o una justificación, sino saber que hizo que se actuara de esa manera para no volver a repetirlo en el futuro.
  • El último paso es transformar la culpa en responsabilidad: ¿Cómo? Buscando formas de curar/restañar el daño realizado mediante la acción, conductas, etc.  ¡¡OJO!! Solo a través de las conductas es posible restañar el daño.

Aspectos a tener en cuenta y que pueden ayudar:

  • Muchas veces analizamos nuestras decisiones pasadas desde la persona que somos a día de hoy. Es como si ahora fuéramos más listos que antes y no hubiéramos tenido en cuenta los pros y los contras. Sin embargo, nos olvidábamos de que no contábamos con el mismo conocimiento. Seguramente en ese momento faltaba madurez, claridad, experiencia, etc., con lo cual no podías haberlo hecho de otra manera, básicamente, porque no sabías.

Ejemplo: imaginad una mujer víctima de violencia de género que, tras años sufriendo esa situación, se culpa y se recrimina a sí misma el no haber tomado antes la decisión de separarse del agresor. 

En este caso, habría que tener en cuenta múltiples factores:

  • En primer lugar, que la violencia de género es un fenómeno que se desencadena de manera gradual a lo largo del tiempo, lo que provoca (de forma sutil) cambios en la personalidad de las mujeres (queda anulada) traduciéndose en pérdida de autoestima, pérdida de poder, bloqueo, incapacidad para actuar y tomar decisiones, etc., volviéndose indefensas, dependientes y vulnerables a sufrir nuevas victimizaciones.
  • El miedo a la reacción del agresor si ella denuncia o se marcha de su lado, tanto hacia ella como a sus hijos en caso de tenerlos.
  • Ausencia de recursos económicos

Conclusión (Albert Espinosa):

<<No tengas miedo de ser la persona en la que te has convertido>>

  1. No te creas más listo que tu yo del pasado
  2. En un 80% eres consecuencia de tus decisiones. Quiérete por el resultado de lo que eres. Quiérete porque en eso es en lo que te has convertido.
  3. Y sobre todo reconoce que a veces te equivocas. Y ese 20% de equivocaciones tienes que reconocerlas y aceptarlas para así poder cambiarlas.