1 January 1970  /  María Arévalo

Para muchas personas la palabra “PARAR” significa rendirse, derrota, abandono, etc. Lo cierto es que está muy bien luchar por tus sueños y por tus proyectos, pero ¿Qué pasa cuando “estás muriendo en el intento”? ¿Es conveniente continuar o es preferible “PARAR”? Quizás ahora, la palabra “PARAR” tenga un significado muy diferente al que le habías dado cuando he formulado esa palabra por primera vez. 

Precisamente en estos casos, retirarse no es un signo de cobardía sino todo lo contrario, un acto de valentía.

Si entendemos el “parar” como una derrota aparecerán sentimientos de tristeza, culpa y rencor. En cambio, si concebimos la palabra “parar” como una forma de DETENER una situación dolorosa, que te desgasta, que te mantiene en una lucha continua y en un estado de alerta continuo y NO como una forma de DETERNOS NOSOTROS, nos sentiremos tranquilos, seguros y con la sensación de haber tomado una decisión sensata y honesta con nosotros mismos.

¿ES FÁCIL PARAR A TIEMPO?

Realmente NO es tarea fácil porque vivimos en una sociedad en la que no está permitido ni bien visto parar, ya que eso significaría poner fin a todo. Pero nada más lejos de la realidad, el parar también sirve para:

  • Coger fuerzas
  • Reubicarnos, encontrarnos y saber hacia dónde vamos. Eso requiere saber analizarse muy bien.

¿POR QUÉ NOS DA MIEDO PARAR?

Porque lo asociamos a fracasar. 

Uno de los contextos en los que se hace más evidente este miedo es en el amor y las relaciones. En muchas ocasiones, nos aferramos a la idea de mantenernos en una situación que nos genera sufrimiento:

  • Relación tóxica
  • Cuando alguien nos hace daño y se entra en una espiral de rencor y de querer devolverle ese daño
  • Familiares de una persona con problemas de adicción que intentan que la persona se rehabilite
  • Intentar que un negocio propio remonte
  • Mantenerte en un trabajo cuyas condiciones no son favorables y te está haciendo sufrir

En todos estos casos, la persona se deja la piel para intentar que todo salga bien. Ese esfuerzo mantenido en el tiempo genera un desgaste que hace que se viva en una infelicidad continua. Luchar por una relación es necesario, pero engancharnos y darnos golpes contra la pared, no lo es. En la vida normal si nos tropezamos cambiamos de camino, pero en el amor, seguimos en el agujero hasta que no nos quedan fuerzas. 

Es curioso, asociamos PARAR = FRACASAR, sin embargo, esos esfuerzos continuos por salvar algo que no tiene futuro también podría considerarse una forma de fracasar por no ser capaz de detectar donde están los límites o, dicho de otra forma, por engañarte a ti mismo y no ser capaz de aceptar la realidad.

Otro de los aspectos a tener en cuenta es que, muchas veces, perseveramos en algo que no nos va a llevar a nada con la idea errónea de que nosotros podemos cambiar esa realidad. Echamos toda la responsabilidad sobre nosotros, olvidándonos de que hay otros factores externos ajenos a nosotros que están condicionando esa realidad. ¡OJO! NOSOTROS SOLO PODEMOS CAMBIARNOS A NOSOTROS.

Por ejemplo, la persona que se esfuerza para que su relación de pareja salga bien, se entrega en cuerpo y alma, es transparente en sus sentimientos y sus conductas, pero la otra persona no se implica como tiene que hacerlo ni responde con la misma reciprocidad. Por mucho que esta persona quiera que su relación funcione, quizás tenga que “PARARSE” a pensar si continuar es lo correcto o es mejor dejar ir. Si esa persona piensa que dejar la relación es un fracaso porque significa que no ha salido bien, continuará en la relación. La pregunta que yo haría sería ¿Solamente dejar la relación es sinónimo de fracaso o también lo es el mantener una relación en la que no eres feliz

Lo mismo ocurre con las relaciones de violencia de género, donde la mujer mantiene la relación pensando erróneamente que va a cambiar. 

¿CUÁNDO NECESITAMOS PARAR?

Solamente cada uno de nosotros sabemos cuando hay que parar, pero para ello hay que ser honesto con uno mismo.

Seguidamente, NO podemos ver las paradas como un fracaso, sino como un tiempo para tomar aire, para analizar las cosas desde otra perspectiva y elegir con mayor claridad la decisión que queremos tomar. 

Para saber si es momento de parar puedes hacerte algunas preguntas:

  • ¿Llevo mucho tiempo sin parar?

Puede que haya pasado mucho tiempo o que incluso nunca hayas parado

  • ¿Te sientes cansado?

Cuando llevas mucho tiempo cargándote con responsabilidades, empiezas a sentirte cansado, pero no es un agotamiento físico sino un agotamiento mental, en el que sientes que faltan las fuerzas, que falta ilusión, te cambia el estado de ánimo, empiezas a sentir ansiedad, bajas tu rendimiento, empiezas a dudar de todo, vives con sentimientos negativos, te sientes solo, etc.

  • ¿Mi deseo de parar tiene que ver con un hecho puntual? 

Ejemplo: una discusión con mi pareja, un enfrentamiento con mi jefe, dos meses malos a nivel económico en mi negocio, etc. 

Si es así, es mejor esperar y no tomar decisiones precipitadas, ya que estará decidiendo el enfado que sentimos en esos momentos. 

Hay que descubrir nuestro “punto dulce” = encontrar nuestro equilibrio, nuestra estabilidad. Para ello, hay que ver con suficiente claridad cuando hemos hecho todo lo que estaba en nuestra mano, para retirarnos sin sentimiento de culpa y entendiendo que era lo mejor y lo correcto. Saber parar a tiempo significa: SER CONSCIENTE DE LA REALIDAD, ACEPTARLA Y TOMAR DECISIONES ACERTADAS.

 

“Saber cuándo es suficiente es una forma de saber lo que nos merecemos” , María Arévalo.