8 March 2022  /  María Arévalo

El programa de hoy lo vamos a comenzar haciendo una serie de preguntas. No hace falta que las respondáis en voz alta, basta que os las contestéis a vosotros/as mismos/as:

¿Con quién hablas más? ¿Quién es esa persona con la que más dialogas?

Seguro que muchos de vosotros habéis pensado en un familiar, una pareja, un amigo/a, un hijo/a, un hermano/a, etc., y en parte tenéis razón porque es esa la persona a la que recurrís cuando lo necesitáis. No es extraño ya que somos seres sociales y buscamos el contacto social con el objetivo de compartir sentimientos, emociones y experiencias, tanto en los momentos buenos como en los momentos difíciles, lo cual nos hace sentirnos parte de un grupo. Pero realmente la persona con la que más hablas no es esa en la que has pensado, sino que eres tú misma/o.

Esa voz interna que todos tenemos es lo que se conoce como diálogo interno.

¿QUÉ ES EL DIÁLOGO INTERNO?

El diálogo interno nos acompaña a todas horas y es:

  • La forma en la que nos hablamos a nosotros mismos, todas esas conversaciones que se tienen con uno mismo.
  • La forma en la que interpretamos las cosas, el mundo.

¿CÓMO NACE ESTA VOZ?

El diálogo interno va surgiendo y perfeccionándose a lo largo de los años en función de la educación recibida (como te hablan tus padres, lo que has visto en casa), la personalidad, las experiencias vividas, es decir qué es lo que yo he vivido que hace que tenga esa interpretación de la realidad, y las etiquetas

Ejemplo (Etiquetas)

Si desde pequeños escuchamos comentarios negativos hacia nuestra persona como “eres torpe, despistado, no sabes hacerlo, siempre te pasa lo mismo” “eres muy patoso en los deportes” Lo más seguro es que ese niño/a crezca pensando que es todas esas cualidades que se le asignan, llegando a aparecer bloqueo y un estado de indefensión, y en un futuro no hará falta que nadie se lo diga porque será él mismo/a el que lo haga.

Ejemplo (Etiquetas y experiencias vividas)

En las relaciones en las que existe violencia de género, la mujer termina creyendo, interiorizando y verbalizándose a sí misma todos esos comentarios que escucha durante años “no vales para nada”, “no haces nada bien” “a ti quien te va a querer” “tú no eres nadie sin mí”.

Imagina que alguien está pasando por un mal momento y te busca porque necesita hablar. Evidentemente tu actitud hacia esa persona será: tener paciencia y palabras que alivien su sufrimiento. No se te ocurriría decirle “que pesada eres”, “qué exagerada” “es que eres tonta, no ves que la gente se aprovecha de ti”, porque partimos de la base de que el respeto es la clave de cualquier relación para que ésta se mantenga y dure en el tiempo. Sin embargo, cuando somos nosotros los que pasamos por un mal momento, en lugar de cuidarnos y hablarnos bien, aparece esa voz interna que termina anulándonos. En ese momento nuestra voz interna se convierte en nuestro enemigo.

¿EXISTE RELACIÓN ENTRE EL DISCURSO INTERNO Y LA GESTIÓN EMOCIONAL?

Por supuesto, un discurso realista contigo mismo hará que tengas una gestión adecuada de las emociones y una actitud resolutiva ante los problemas (te enfrentas a ellos).

Todo comienza cuando somos pequeños. Evidentemente, cuando somos niños no tenemos capacidad de regularnos a nosotros mismos y necesitamos una figura externa que lo haga y que nos enseñe. Si esa figura no existe, podemos decir que hay una alta probabilidad de que se inicie un diálogo interno negativo. 

Un discurso negativo mantenido en el tiempo agota tu energía, te desgasta y te hace vulnerable a la ansiedad, la depresión, te vas a sentir indefenso e incapaz de resolver dificultades. Esa incapacidad hace que caigas en la pasividad y no haces nada para desmontar esa creencia sobre ti.

¿CÓMO MEJORARLO?

  1. Observarnos: lo primero es darnos cuenta de qué me estoy diciendo, en qué contextos me ocurre (laboral, familiar, social, académico, etc.)
  2. Identificar qué emociones experimentamos: lo primero es diferenciar la emoción que me genera una situación (real) y la emoción que me genera lo que yo me estoy diciendo a mí mismo. Por ejemplo: imagina que vas a una entrevista de trabajo y sientes que no lo has hecho todo lo bien que te hubiera gustado. En ese momento lo más probable es que sientas ansiedad, preocupación, impotencia, etc., pero si eso lo acompañas de un “no valgo para nada, no se expresarme, no voy a encontrar trabajo nunca” aparecerá también la tristeza. 

Llegados a este punto es importante conectar con las emociones, porque todas son necesarias y nos están dando un mensaje. 

  1. El siguiente paso es desmontar ese discurso negativo hacia nosotros mismos. No se trata de pasar de un extremo a otro (de decirnos “no valgo para nada” a “soy maravillosa”). Podemos empezar con una pregunta: ¿Qué podemos decirnos para desmontar ese discurso? 
  • Puedes buscar datos reales, objetivos.
  • Pensar que quizás estás haciendo una mala interpretación de la situación (catastrofización: estás esperando que ocurra lo peor en cada situación)
  • Pensar que quizás estás prestando más atención a los aspectos que no te gustan de ti.
  • Eliminar las generalizaciones de tu vocabulario: siempre, nunca, etc. (Ej. “Siempre me pasa lo mismo”.)
  • Externalizar la voz: sería pensar ¿Le diría a una persona que quiero lo que me estoy diciendo a mí?
  • Ser consciente de cómo te está afectando emocionalmente esa forma de hablarte: ¿Pensar así me hace sentir mejor? ¿Me está solucionando el problema?; a nivel de conducta ¿Me está limitando a la hora de hacer cambios? En definitiva, transformar la crítica en reflexión.

Aspectos a tener en cuenta:

  • Es un discurso que lleva mucho tiempo contigo y se ha vuelto automático.
  • Lo mismo que hemos construido este diálogo, podemos desmontarlo. ¿Cómo? En base a datos objetivos.
  • Es importante respetar los tiempos de cada uno.
  • Es normal que vuelva a aparecer, hay que aceptarlo y se puede meter el humor “ya está aquí el bichito dando la lata”
  • Dialoga con el bichito (Si no hay conversación con nuestra mente se convierte en un monólogo y no podemos provocar el cambio): Ej: si tú quieres apuntarte a un deporte de equipo, pero toda la vida has escuchado que eres un desastre en el tema de los deportes puedes hablarle al bichito y decirle: “sé que tú piensas que no voy a ser capaz y que posiblemente lo abandone en breve, pero déjame intentarlo”.

«Lo peor que puede pasarle a un hombre es llegar a pensar mal de sí mismo»-Goethe.