15 October 2025  /  María Arévalo

Callar para evitar conflictos puede ser una estrategia adecuada para  conseguir que la situación no se agrave, incluso refleja un cierto autocontrol por  parte de la persona, pero cuando se adopta como forma habitual de relacionarse  con el mundo puede convertirse en un problema. 

Motivos por los que una persona se calla para evitar conflicto Como hemos dicho puede deberse a dos motivos: 

– La persona tiene autocontrol (aspecto positivo). 

– La persona tiene miedo al conflicto (aspecto negativo). 

“Evitar el conflicto genera un conflicto” 

Otros motivos: 

Edad: el paso de los años hace que se busque la tranquilidad y se huya  de los conflictos. 

Educación recibida o cultura: una educación basada en no generar  conflicto fomenta la sumisión. 

Baja autoestima o inseguridad: hay personas que piensan que lo que  ellos digan o piensen no tiene valor, por lo que tienden a reprimir lo que  piensan y sienten. 

Miedo al rechazo: hay personas que evitan el conflicto por miedo a que la otra persona se enfade, se aleje, se rompa la relación o tengan una  mala imagen de él/ella. 

Experiencias previas: hay personas que evitan el conflicto porque han tenido relaciones de pareja en las que el conflicto era frecuente y entraban en bucle sin llegar a ninguna conclusión. También puede deberse a  recuerdos de la infancia en los que el conflicto era frecuente o recuerdos  en los que la persona haya perdido los papeles en un conflicto por no  tener las herramientas necesarias para gestionarlos. 

Tener ciertos rasgos de personalidad contribuye a evitar el conflicto.  Por ejemplo, ser complaciente, generoso, personalidad ansiosa con  tendencia a la culpa, a la tristeza y a la rabia.

Diferentes maneras de reaccionar ante el conflicto. 

La manera de reaccionar ante un conflicto depende de la personalidad que cada uno tenga.  

Por un lado, se encuentra la persona que reacciona de forma agresiva. Por otro lado, está la persona que evita el problema porque no quiere  pasar un mal rato, lo que provoca que el problema se mantenga en el  tiempo al no hablarlo y no afrontarlo. 

Por último, la persona que expresa su malestar de forma asertiva

No podemos olvidar que la forma en la que gestionamos las cosas nos  lleva a tener unas consecuencias u otras. Por eso, la forma de reaccionar ante  el conflicto influye en la forma de solucionarlo.  

Ante un conflicto se pueden dar varias reacciones: 

Escapar: huir del conflicto provoca que el problema permanezca en el  tiempo. Las dos partes implicadas pierden porque el problema no se  resuelve. 

Luchar: el conflicto se afronta desde la agresividad física o verbal. Se  vive como una guerra en la que una parte gana y otra pierde. Rendirse: el conflicto se afronta cediendo y sometiéndose. La persona  se percibe como perdedora de la guerra desde el inicio. 

Acordar: el conflicto se afronta a través de la negociación en la que las  dos partes ganan unas cosas y pierden otras. 

Consecuencias de evitar el conflicto 

Las típicas frases de “yo por no discutir…”, “si a mí en el fondo me da  igual, yo lo que no quiero son problemas” tienen consecuencias. 

  • Evitar los conflictos termina afectando a la salud mental y física, ya que  la actitud pasiva que conlleva la evitación llena a la persona de estrés que  puede desembocar en problemas de salud (úlceras en el estómago, caída  del pelo, problemas musculares, dolores de cabeza, etc.).
  • Ceder siempre ante los conflictos por miedo a ser rechazado, por miedo  a dañar a alguien o por creer que no tienes derecho a expresar tu opinión  hace que no atiendas tus propias necesidades, lo que termina mermando  tu autoestima y la seguridad en ti mismo. 
  • Ese cúmulo de tensión por no expresar lo que piensas y no atender tus  necesidades, sumado a la insistencia para abordar el problema y los  reproches de la otra persona, al no ver cubierta su necesidad de resolver  el problema en el momento (consecuencia de la actitud evitativa del otro) 

puede provocar mal carácter, malas contestaciones, e incluso una  explosión emocional en el futuro por cuestiones sin importancia. La tendencia a huir del conflicto termina afectando a los vínculos porque  los problemas se agravan al no hablarlos e impide que dos personas  lleguen a conectar, por lo que se establecen relaciones superficiales y  frías. Cuando una persona evita provoca que la otra persona le demande  y le insista en tener una conversación lo que puede llevar a una dinámica  negativa de huidapersecución. 

Cómo abordar el miedo al conflicto 

Hay que matizar que, al igual que es importante y necesario afrontar los  conflictos también habrá momentos en los que será necesario parar la discusión  y retomarla cuando la tensión se haya reducido y las dos partes estén receptivas  para entenderse. El problema radica en evitar el conflicto como dinámica  habitual. 

Para abordar el miedo al conflicto hay que partir de la base de que el  conflicto y las discrepancias forman parte de nuestro día, ya que están  presentes desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Por lo  tanto, la solución no está en correr un tupido velo ante esos conflictos,  sino en afrontarlos. 

Entender que el conflicto manejado correctamente nos permite llegar a  acuerdos, ver el problema desde otros puntos de vista, conectar  emocionalmente con la otra persona, expresar emociones, escuchar al  otro, comprenderse a uno mismo y a los demás, etc.

Intenta separar las experiencias previas de las nuevas, es decir, si has  tenido vínculos en los que has discutido en bucle sin llegar a un acuerdo  no significa que con cualquier persona tenga que pasarte eso. 

Si ese miedo te impide avanzar en los vínculos (especialmente a nivel  sentimental) sería conveniente que te trabajaras y analizaras cómo esas  experiencias previas influyen en tu forma de relacionarte con otras  personas. 

Si te planteas los vínculos huyendo del conflicto estarás abocado al  fracaso, ya que te centrarás en construir vínculos superficiales. Para que el conflicto sea positivo: 

– Tiene que haber respeto. 

– Hay que enfocarse en la búsqueda de soluciones. 

– Hay que eliminar la agresividad, la pasividad o la evitación a la hora  de resolver un conflicto. 

– Tienes que expresar cómo te sientes. 

– Hay que poner límites. 

– Apunta todo lo que quieras decir, ya que los nervios o el miedo pueden  llevar a bloquearte. 

– No tengas miedo a la reacción de la otra persona (esta puede ser una  consecuencia de tu evitación ante los conflictos). Esto solo se  soluciona superando la primera discusión. 

– Aprende a negociar. 

– Hay que entender que en los conflictos no tiene que haber un ganador  y un perdedor, sino que las dos partes pueden ganar. 

– Si la conversación se pone demasiado tensa para y retoma en otro  momento.