14 February 2023  /  María Arévalo

Hoy vamos a hablar sobre la relación que existe entre la comida y nuestras emociones.

  • Desde que nacemos se establece un vínculo emocional con la alimentación ya que, en los primeros meses de nuestra vida, la persona cuidadora es la que nos proporciona el alimento, haciendo que se establezca una relación de cuidado y protección a través del mismo.
  • A medida que crecemos nos damos cuenta de que el alimento juega un papel importante en el ámbito social. 
  • Por ejemplo, el alimento está presente en todas las celebraciones (cumpleaños, navidades, comidas de empresa, reuniones con amigos, comuniones, bodas, etc.)
  • Los alimentos también se utilizan como “regalo” para demostrar afecto. Por ejemplo, regalar una caja de bombones o invitar a alguien a cenar.

Como vemos, la comida adquiere un papel importante a nivel social, pero también a nivel personal, ya que además de todas esas funciones sociales… la comida también tiene la función de actuar como bálsamo…

Cuando se menciona la palabra ANSIEDAD, la mayoría de las personas se imaginan el típico cuadro de ansiedad de sintomatología física que hace referencia a la hiperventilación, dificultad para respirar, dolor en el pecho, sudor, mareos, sensación de sufrir un infarto, etc. Pero que ocurre si os digo que la ansiedad tiene muchas formas de manifestarse y una de ellas es a través de la comida.

¿Quién no ha utilizado alguna vez la comida como vía de escape para aliviar algún malestar? Esto se refleja muy bien en las películas cuando ante un problema se ve a la persona llorando y comiendo helado de chocolate. Esta conducta utilizada de forma puntual NO es un problema, el problema aparece cuando esta forma de actuar se convierte en un hábito, ya que aquí se estaría hablando de HAMBRE EMOCIONAL.

El hambre emocional consiste en comer por comer. Realmente es un trastorno alimenticio relacionado con las emociones y surge ante la dificultad de la persona de gestionar sus problemas, emociones, situación vital, etc. Generalmente las personas que presentan esta problemática suelen recurrir a la comida cuando se sienten estresadas, tristes, enfadadas, con ansiedad, personas que sufren depresión, que tienen baja autoestima, o incluso se puede llegar a recurrir a la comida por aburrimiento.

El objetivo es comer para llenar un vacío o mejorar su estado de ánimo, y aparece el sentimiento de culpa cuando a pesar del atracón no mejora el estado de ánimo. De hecho, empeora porque se junta el malestar inicial + el sentimiento de culpa por haberse dado un atracón.

Si os dais cuenta hablamos de trastorno, porque realmente la base es un problema emocional, el cual no se está resolviendo de forma adaptativa, sino de forma inadecuada.

SITUACIONES QUE NOS LLEVAN A COMER DE FORMA EMOCIONAL.

  • Dificultad para gestionar emociones negativas: Tanto el instinto de supervivencia como la educación que recibimos desde pequeños nos enseña que las emociones negativas nos generan sufrimiento y hay que huir de ese sufrimiento, ¿cómo? Escondiendo las emociones. El hecho de ocultar las emociones hace que no podamos ser conscientes de ellas, que no las comprendamos y, por lo tanto, que no sepamos gestionarlas, y muchas personas utilizan la comida para sentirse mejor.
  • Altos niveles de estrés: el estrés es una respuesta normal de nuestro cuerpo ante una amenaza o situación difícil, que hace que despleguemos las herramientas necesarias para hacer frente a esa situación. Sin embargo, cuando ese estrés no es puntual, sino que se mantiene en el tiempo genera una ansiedad constante en la persona, la cual intenta canalizar a través de la comida. Este método no solo NO elimina la ansiedad, sino que la incrementa al tener la persona la sensación de falta de control.
  • Autocontrol excesivo: este aspecto se refleja mucho en personas que hacen dietas muy estrictas en las que la persona está todo el día controlando lo que come, reprimiendo sus deseos ante determinados alimentos. Ese nivel de control genera ansiedad, frustración y agotamiento que hace que la persona consuma grandes cantidades de alimentos inapropiados

La persona no debe pasar hambre, ya que esa hambre provoca el impulso irresistible de darse un atracón. Y durante mucho tiempo la palabra dieta se ha asociado a pasar hambre (ERROR).

CONSECUENCIAS DEL HAMBRE EMOCIONAL

Como hemos dicho al principio, recurrir a la comida en un momento puntual para aliviar un malestar no es algo negativo. El problema es cuando se convierte en rutina, ya que es en este momento cuando aparecen:

  • Consecuencias físicas: exceso de peso, obesidad, alteraciones en el metabolismo.
  • Consecuencias psicológicas: baja autoestima, depresión, insatisfacción, ansiedad, sentimiento de culpa, indefensión (sensación de falta de control sobre la propia vida), etc.

COMO TRABAJAR EL HAMBRE EMOCIONAL

Si la persona tiene sospecha de que puede estar ante esta problemática debe pedir ayuda a un profesional (nutricionista, psicólogo).

  1. El psicólogo va a identificar qué nivel de conciencia tiene la persona acerca de su problema:
  • CONSCIENTE:Necesito comer algo para mejorar mi ánimo”- “picar

La persona come alimentos no saludables, en pequeñas cantidades, para reducir su ansiedad y no sentirse culpable.

  • SEMI-CONSCIENTE: “Estoy aburrido, no sé que me pasa…voy a comer algo”

La persona come alimentos no saludables en cantidades más altas de lo normal y tiene sentimientos de culpa.

  • INCONSCIENTE: Voy a la cocina/despensa y busco algo de comer.

La persona come alimentos no saludables en cantidades abundantes, en un corto periodo de tiempo, que la hacen sentir culpable e incluso ponen en marcha estrategias compensatorias (vómito, saltarse comidas, deporte excesivo, etc.)

  • Seguidamente, la persona tiene que entender que la comida no es el problema principal, sino la “punta del iceberg” que indica que algo pasa. Hay que averiguar qué estamos tapando con la comida.
  • Hay que saber diferenciar el hambre emocional, del hambre físico, a través de los puntos que hemos dicho antes. No dejarse llevar por el “me apetece”.
  • Hacer cosas que te distraigan en los momentos en los que te venga el impulso de comer: salir a andar, llamar a alguien, etc. Esto ayuda un poco a desviar la atención de la comida.
  • Beber agua antes de la comida puede reducir la ansiedad.
  • Lo más importante es aprender a gestionar las emociones.

Ej. Si estás triste, con ansiedad… lo normal no es irse a la nevera. Busca otras alternativas como llamar o quedar con alguien que te haga sentir bien, vete a dar un paseo.

La comida puede distraerte para no sentir tus emociones, pero solo es momentáneo. La comida no podrá hacer que tus emociones desaparezcan”.

“La única manera de aprender a manejar las emociones es SINTIÉNDOLAS, no evitándolas”. (Antonio Ortuño).