Soltar para no sufrir: La difícil tarea de dejar ir el control.
En el programa anterior “El rol del salvador” se hacía hincapié en la importancia de “soltar” aquello que no nos corresponde, que nos hace daño y que escapa a nuestro control. Esta cuestión que parece tan lógica, se convierte en tarea difícil para algunas personas.
¿Por qué necesitamos controlar?
El principal objetivo que se persigue con el control es: no sufrir.
La persona piensa que si lo tiene todo controlado no sufrirá en el futuro. Este pensamiento es desencadenado por una emoción: el miedo excesivo que sienten algunas personas ante todo lo malo que puede ocurrirles a ellas mismas o a sus seres queridos. Por eso, inician estrategias de control con el objetivo de evitar aquello que consideran peligroso. ¿Os imagináis tener que controlar todo aquello que supone un peligro REAL para nosotros o nuestro entorno?
Lo que genera la necesidad de controlar es que:
▪ Creemos (erróneamente) que tener el control de la situación es sinónimo de tener el poder, y eso nos hace sentir bien.
▪ Cuando sentimos que todo está bajo control nos sentimos seguros. ▪ Para algunas personas, el control se convierte en la estrategia “perfecta” para gestionar la ansiedad, el miedo o la incertidumbre.
▪ Personas que han sufrido pérdidas o situaciones traumáticas utilizan el control para seguir manteniendo lo que tienen en el presente y no volver a experimentar el dolor de la pérdida.
▪ Personas con poca confianza en sí mismas tienden a controlar su entorno como una manera de compensar su inseguridad e inestabilidad personal. Ponen en el foco fuera de ellas, en lugar de mirar dentro.
Características de las personas que necesitan tenerlo todo bajo control.
▪ Trabajan con muchas expectativas y esquemas rígidos. Si las cosas no salen como esperan sienten malestar.
▪ Excesivo sentido de la responsabilidad.
▪ Son perfeccionistas, y eso las lleva a no estar satisfechas con lo que hacen, sintiendo insatisfacción continua y agotamiento.
▪ Asumen todas las responsabilidades y les cuesta delegar en otras personas porque piensan que los demás no van a hacerlo tan bien como ellas.
▪ Piensan que está en su mano resolver y/o evitar problemas. Se añaden una responsabilidad que no les corresponde, la misma responsabilidad que en el futuro les generará esa sobrecarga.
▪ Tienen dificultad para gestionar el estrés. Se desbordan con facilidad, por eso intentan “evitarlo”, sin darse cuenta de que esa “evitación” del estrés las hace vivir en un estado de alerta continuo que les genera estrés en sí mismo. Viven en una espiral de estrés→ control → queja.
▪ Cuando los demás no actúan como ellas esperan se frustran. ▪ Cuando se encuentran en una situación que no controlan se sienten inseguras.
▪ Les cuesta encajar los cambios y los imprevistos.
▪ Viven en el futuro, ya que su principal objetivo es evitar posibles problemas para poder resolverlos de forma inmediata si se presentan.
Consecuencias
➢ Al principio, el control genera una sensación falsa de alivio y de seguridad, pero el control mantenido en el tiempo genera agotamiento, estrés y ansiedad. Parece incongruente utilizar el control como una forma de aliviar el malestar, y precisamente es ese control el responsable de la dinámica destructiva en la que te encuentras.
➢ El control termina afectando a la persona en sus distintas facetas: la personal, la laboral, los vínculos, etc.
En el plano personal, la persona se olvida de sus propias necesidades, al estar pendiente de lo que ocurre fuera y de evitar problemas futuros, por lo que quita el foco del presente y de sí misma.
En los vínculos se genera un desgaste considerable porque la persona está pendiente de cómo actúan los demás, incluso pueden aparecer
exigencias o reproches si no actúan de acuerdo a su punto de vista. Por otro lado, cuando las personas intentan llevar las riendas, los demás pueden cansarse de tener que hacer siempre las cosas como otra persona diga.
Por ejemplo: cuando una persona se queja de que una situación o persona le genera malestar, y en lugar de replantearse un cambio ella misma, como es “soltar” el control que está ejerciendo, su intención es que la otra persona cambie, sufre un agotamiento emocional que deriva en síntomas ansiosos y/o depresivos. Esto es muy frecuente en algunos padres que están sufriendo con los hijos y viven en una queja continua, pero cuando les planteas hacer cambios y desvincularse un poco de la situación, NO de su hijo, sino de la situación, la primera pregunta es ¿Cómo lo voy a dejar sol@?, ¿Cómo voy a abandonarl@?
*Muchas veces no nos damos cuenta de que el control, lejos de ayudar a resolver la situación, hace que se mantenga en el tiempo esa situación que tanto daño está haciendo.
En el ámbito laboral, tienen dificultad para concentrarse y se restan productividad debido a su perfeccionismo, ya que no se encuentran satisfechos, llegando a sentir que no son válidos en el trabajo.
Cómo abordarlo
Lo primero que hay que tener en cuenta es que el acto de “soltar” y por lo tanto “no controlar” está relacionado con el bienestar emocional, ya que reduce la ansiedad y el estrés.
Con ese acto también se trabaja el desapego (aprender a desvincularte de personas, situaciones, cosas, etc.).
- Tomar conciencia de porqué sientes la necesidad de controlar: – Por inseguridad.
– Por alguna pérdida con la que sufriste mucho.
– Como manera errónea de gestionar tu ansiedad y tu estrés. 2. Hacer una lista de todo aquello que intentas controlar. Pregúntate por qué y cuál es el objetivo. Pregúntate si ese control está dando el resultado que esperas.
- Darte cuenta de que aquello que no controlas o que surge de forma imprevista no tiene por qué ser negativo.
- Aprender a gestionar la incertidumbre, entendiendo que no siempre vamos a saber lo que va a ocurrir. También es importante entender que va a pasar lo que tenga que pasar, te preocupes o no te preocupes, controles o no controles. *Sufrimos más por lo que imaginamos que por la realidad.
- Entender y aceptar que no puedes controlarlo todo, puesto que hay muchas cosas que escapan a tu control porque no dependen de ti. Sería bueno aprender a diferenciar qué situaciones o factores dependen de ti (actitudes, sentimientos y comportamientos) y cuáles no (los imprevistos, opiniones y decisiones de los demás).
- Entender que controlarlo todo genera estrés y desgaste emocional. El control te hace creer que vas a evitar un problema y sientes alivio momentáneo, pero a largo plazo estás contribuyendo a vivir en una dinámica de estrés, ansiedad y queja continua que se vuelve destructiva y obsesiva.
- Desmontar las etiquetas catastróficas que giran en torno a “dejar de controlar”. Siento que soy mala persona, que estoy abandonando a alguien, que va a ocurrir algo malo si no me encargo de la situación, etc.
De todas las pautas mencionadas, quiero hacer especial hincapié en la segunda: Pregúntate si el control que estás aplicando está dando el resultado que esperas. La respuesta es un NO rotundo. El control te lleva a una dinámica obsesiva en la que tu mente deja de pensar, y solo actúa, por supuesto de manera errónea, poniendo en práctica el mismo patrón desde hace tiempo, sin darte cuenta de que no está teniendo efecto. Ante esto, si estás optando por un camino y no da resultado, cámbialo.