23 May 2023  /  María Arévalo

Vamos a comenzar el programa imaginando que somos jugadores/as de fútbol y que estamos en pleno partido, pero con el matiz de que estamos sentados en el banquillo mientras otros juegan un partido importante. Lo más seguro es que estemos sintiendo rabia e impotencia por no poder jugar y no poder demostrar lo buenos que somos, y posiblemente terminemos sintiéndonos uno más porque tenemos la equipación como los otros, vamos a entrenar como los otros, damos lo mejor de nosotros como los otros, pero en los momentos importantes sentimos que no nos tienen tan en cuenta como a los demás.

Bien… ¿Qué pasa si esta situación la trasladamos a la relación de pareja? ¿Te han dejado alguna vez en el banquillo? O ¿Has dejado a alguien en el banquillo? Para eso el programa de hoy, para que seamos conscientes de si nos han sentado en el banquillo o si somos nosotros los que estamos sentando a alguien en el banquillo.

¿QUÉ ES EL BENCHING?

El término “benching” viene del verbo “to bench” que significa “estar sentado en el banquillo”. Esto ocurre cuando una persona que ya no tiene interés en una relación mantiene el contacto para un beneficio propio (ya sea por no sentirse solo, por no querer soltar del todo hasta que aparezca otra persona, o bien porque no quiere compromisos). Para ello, la persona utiliza la estrategia de comunicarse de manera esporádica, breve y de forma superficial con el objetivo de mantener el interés de la otra persona, con la que (en el fondo) no se quiere nada serio.

Este fenómeno se puede poner de manifesto en 2 situaciones. Cuando las relaciones empiezan o cuando acaban (esas rupturas en las que una persona deja a otra, pero no la deja marchar del todo):

  • 1ª situación: En las redes sociales (cuando se conoce a alguien) es muy común los comportamientos de “conquista, coqueteo, muestras de atención y preocupación” (pero ¡OJO! Son escasas e intermitentes). Lo que se busca es un encuentro con la persona y luego ese interés inicial baja o desaparece. O incluso puede que ese encuentro nunca llegue a producirse.
  • 2ª situación: También se da este fenómeno cuando una relación se rompe, pero no se deja ir del todo a la otra persona, y se intercalan periodos de encuentros (esporádicos) con periodos de desaparición. Esto hace que la herida no cicatrice y se mantenga abierta. Esto puede ocurrir como se ha dicho antes por no saber poner fin a la relación, por el miedo al cambio, por la costumbre o por miedo a la soledad.

CONSECUENCIAS EN LAS PERSONAS QUE LO SUFREN

La expresión “ni contigo ni sin ti” define muy bien lo que termina sintiendo la persona afectada.

  • Si se mantiene mucho tiempo esta dinámica en la que las atenciones existen, pero son escasas e intermitentes aparece la incertidumbre y la persona no encuentra explicación a lo que está ocurriendo (¿Por qué me habla, luego se retira y vuelve a aparecer para volver a irse?). Esto hace que tenga dificultad para tomar una decisión basada en la verdad, y vive con la esperanza de que la otra persona vuelva, provocando un estancamiento.
  • Ante la desaparición de la persona, la persona que es “abandonada” puede desarrollar el sentimiento de culpa al pensar que está haciendo algo mal y por eso la persona se aleja. La persona intenta buscar una respuesta que explique el alejamiento, el problema es que busca la respuesta dentro de ella.
  • La persona afectada se siente apartada y olvidada, pero cuando la otra persona vuelve a dar señales vuelve a caer fácilmente en el juego, provocando inseguridad, dolor y falsas expectativas (se que volverá).
  • Esta dinámica termina repercutiendo en la forma de relacionarse de la persona, teniendo dificultades para expresar sus emociones o establecer límites. 
Cuanto más tiempo pasa más enganche se genera y más respuestas quieres buscar de lo que realmente está pasando o porqué la persona actúa así, sintiéndote cada vez menos capaz de dejar la relación.

 

SEÑALES DEL BENCHING

  • No te habla durante días. Inicialmente se establece una forma habitual de comunicación y luego se corta el contacto de forma brusca, pero no hay una ruptura total.

Por ejemplo, la persona te deja a medias en la conversación y no te contesta, o bien te quedas esperando a saber si vais a quedar o no.

En el fondo hablamos de perder una pauta de comunicación establecida, haciendo que una de las partes se quede con la sensación de espera constante. Este periodo de ausencia suele venir acompañado de periodos donde la comunicación vuelve con mucha intensidad.

  • Muestra interés por verte, pero le cuesta concretar el momento concreto.
  • Aunque concretéis ese momento, al final nunca tiene disponibilidad (siempre le surge algo o te dice que está muy liado).
  • Te dice cosas bonitas. Aquí aparece la típica frase de “cuando estamos bien estamos muy bien”, pero luego aparece la ausencia y el distanciamiento.

El halago es frecuente, te dice que eres especial, se preocupa por tus cosas, etc. Esto hace que suba la autoestima. Como se dijo al principio, con el benching se busca crear una necesidad en la otra persona para que no se rompa el contacto.

  • Después de mantener un contacto muy estrecho contigo, sin motivo empieza a distanciarse y a comportarse de forma fría.
  • Las personas de su entorno no conocen tu existencia.
  • No contesta a preguntas sobre la relación, desvían el tema porque no les interesa que se descubra su dinámica o que su intención no es la misma que la de la otra persona.
  • Puede interaccionar con tus redes sociales, pero no contactar contigo o responder al mensaje.

Si nos paramos a analizar esta dinámica, la persona afectada está inmersa en un proceso de refuerzo intermitente, en el que no sabe exactamente cuando llegará el “premio”, pero como sabe que en algún momento llegará continúa esperando.

 

¿CÓMO ABORDARLO?

  • Identifica el tipo de relación que te une a esa persona.

¿Qué vinculo tienes con él? ¿Es alguien que ya conocías? ¿Un amigo, compañero de trabajo…? ¿No os habéis visto todavía o ya has tenido alguna cita con esa persona?

  1. Analiza qué quieres de esa relación. Tienes que pararte a pensar y a analizar algunas cosas. Ej.
  • ¿Cuáles son tus necesidades?
  • ¿Qué buscas en una relación de pareja o cuando empiezas a conocer a alguien?
  • ¿Lo estás recibiendo con esta persona?
  • ¿Qué te aporta esa persona?
  • ¿Quieres empezar algo serio?
  • ¿Es una relación que te interesa mantener?
  • ¿Hasta que punto te compensa lo que te da?
  • ¿Crees que a largo plazo puedes mantener algo así?
  • Actuar.

Una vez que te hayas sentado contigo mism@ y aclarado todas esas incógnitas es momento de sentarte con la otra persona para llegar a una conclusión, explicándole lo que tú buscas, la diferencia entre lo que das y lo que recibes, los comportamientos y actitudes que estás recibiendo por su parte, si te compensan o no, etc. Y sobre todo debe quedar claro si los dos vais buscando lo mismo, cuanto estáis dispuestos a poner de vuestra parte y sobre todo si os merece la pena luchar por mantener la relación.

  • No forzar la situación.
  • Si tu quieres mantener la relación, pero tras la conversación la otra persona no quiere mantenerla o no puede darte ahora mismo lo que tú necesitas, no debes forzarla, ya que mantener una relación sin que una de las partes quiera hará que se mantengan esas conductas de “reserva” basadas en carencias de las cuales estás intentado huir.
  • También puede ocurrir que tu te des cuenta de la dinámica de la otra persona y que decidas poner fin al vínculo que tenéis. En este caso no sería raro que la otra persona, ante la ausencia de tus mensajes, muestre un mayor interés (simplemente por la necesidad de sentirse admirado).

Llegados a este punto, lo importante es:

  1. Analizar la relación/ dinámica en la que se está
  2. Si no es sana… hay que tener muy claro cuál debe ser nuestro comportamiento, independientemente de lo que la otra persona diga o las promesas que haga.

Identificar estrategias manipuladoras de la otra persona para no dejarse arrastrar, y poder cortarlas.